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SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
La teoría germinal
El que tenga salud –dice la copla-, que la cuide, que la cuide. Y para cuidar la salud existen acciones o prácticas que suelen agruparse en el vocablo higiene. Por eso se dice que la higiene es el conjunto de acciones que permiten conservar la salud. O, dicho de otro modo, que permiten evitar las enfermedades.
Una de las medidas de higiene más sencillas es el lavado de manos con agua y jabón. Este acto elemental ha salvado millones de vidas en el último siglo. Para ello fue necesario que la ciencia hiciera dos descubrimientos decisivos. Uno, el origen microbiano de muchas enfermedades; y dos, el poder microbicida del agua jabonosa.
El primer descubrimiento se debe al químico francés Louis Pasteur, quien en 1871 estableció que las enfermedades infecciosas son producidas por microbios o gérmenes microscópicos: bacterias, virus y hongos. A esta verdad científica formulada por Pasteur se le llama teoría germinal de las enfermedades, que es la base de la medicina moderna.
Pero no sólo el agua jabonosa es capaz de matar a los gérmenes presentes en las manos y otras partes del cuerpo. También los mata el yodo y otras sustancias germicidas. Y al hervir el agua se logra destruir totalmente a los gérmenes presentes en ella. Y lo mismo pasa cuando hervimos la leche, los frijoles y otros alimentos. Por eso se llama pasteurización al proceso de calentar lentamente los líquidos con el propósito de matar a los gérmenes presentes en ellos.
A Pasteur se le deben portentosos descubrimientos científicos. El más célebre, después de la pasteurización, es el suero antirrábico: la cura contra la temida hidrofobia, enfermedad causada en el hombre por la mordedura del perro u otros animales.
No hay duda, sin embargo, que la teoría germinal de las enfermedades es la obra cumbre del ilustre francés. “Matad a los gérmenes –decía Pasteur– y acabaréis con las enfermedades”. Y así ha ocurrido desde entonces.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 26 de mayo de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Irrepetible
Desde hacía varios años, los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como otros sanitaristas alrededor del orbe esperaban la aparición de una pandemia de gripe. Pero pensaban que se trataría de una gripe aviar. Y decían que tal flagelo habría de producir al menos un millón de defunciones.
El pronóstico de tales expertos se ha cumplido sólo en una de sus tres partes. Ciertamente llegó la pandemia, pero ni fue de gripe aviar ni existe la remota posibilidad de que la plaga produzca el supuesto millón de muertes que sólo caben en mentes calenturientas, aunque sean las de los sabios apocalípticos.
Porque independientemente de las características específicas de la actual pandemia de gripe, es absolutamente imposible una mortandad que alcance cifras significativas. Ni por esta patología ni por ninguna otra. Hoy, como lo prueba la experiencia inmediata, el estado de la ciencia garantiza el rápido y eficaz control de cualquier epidemia, ya sea viral o bacteriana.
Tras la emergencia mundial y el pánico subsecuente, los hechos van demostrando día con día la enorme e indiscutible eficacia de la ciencia para evitar una elevada mortalidad. En el presente caso, las defunciones no han alcanzado siquiera la centena en todo el mundo.
Vacunas, antibióticos, antivirales y otros portentosos avances y conocimientos científicos garantizan, como lo han demostrado ahora mismo y contra pánicos irracionales, el control de la pandemia y la reducción, casi hasta cifras nulas, de la mortalidad.
Las grandes mortandades son cosa de otras épocas. De cuando no se tenían los gigantescos conocimientos de hoy acerca del origen y la forma de propagación de las enfermedades infecciosas. De cuando las epidemias se enfrentaban a ciegas y sólo con rezos e imploraciones. De cuando los virus eran invisibles. De cuando la pavorosa falta de higiene era el caldo de cultivo de esos mortíferos eventos, hoy irrepetibles.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 12 de mayo de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
El placer de comer
A lo largo de los últimos sesenta años, la diabetes se fue convirtiendo en México en la primera causa de muerte que es hoy. Suman millones las personas, de todas las edades, que la padecen. Y lo que es mucho peor: cada año crece, incontenible, el número de enfermos.
La diabetes, ciertamente, no es un problema exclusivo de los mexicanos. Como aquí, el flagelo se extiende aceleradamente por todo el planeta. Quizá sólo estén a salvo de ella los pueblos famélicos.
La ciencia médica, desde luego, ofrece alivio para la grave patología. Hay fármacos y tratamientos eficaces. Pero la prevención y el control de la diabetes requiere, además, la eliminación de un hábito adquirido a lo largo de los últimos sesenta años: la excesiva ingesta de alimentos.
Hace sólo seis decenios, a mediados del siglo veinte, no había la innegable abundancia alimentaria que hoy existe. Y tampoco se padecía, con carácter universal y creciente, como ahora, la diabetes.
En 1950, la población del orbe era de dos mil millones de seres humanos. Ahora es de 6 mil millones. En esas seis décadas, tal población se multiplicó por tres. Pero en el mismo periodo, la producción de alimentos en todo el orbe se multiplicó por doce. Así que hoy, a comienzos del siglo 21, hay cuatro veces más alimentos por persona que hace sesenta años.
De modo que es perfectamente posible establecer una correlación científica estadística entre la universal abundancia alimentaria que hoy caracteriza al orbe, y el carácter creciente de la diabetes en todo el mundo.
Por eso, quizá, sean tan difíciles la prevención y el tratamiento de la diabetes. Cómo pedirle a una humanidad que durante milenios sólo supo de escaseces, penurias y hambrunas, que coma menos, ahora que puede comer la cantidad de alimentos que quiera. ¿Por qué sujetarse a una dieta de 2 mil 500 calorías diarias, cuando es posible y placentera una ingesta de 5 mil? ¡Ah, el placer de comer!
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 28 de abril de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
El trasvase invisible
Hoy en día, ninguna persona de mediana escolaridad se atrevería a negar que la Tierra, nuestro planeta, gira alrededor del Sol. Pero esto no siempre ocurrió así. Fue el astrónomo polaco Nicolás Copérnico quien en el siglo XVI dejó establecida de manera científica y para siempre la teoría heliocéntrica que ya nadie cuestiona.
Una cosa semejante pasa con la teoría de la circulación de la sangre. Durante milenios el hombre ignoró que existía el proceso circulatorio. Hasta que apareció en la escena histórica, un siglo después de Copérnico, el médico inglés William Harvey.
Harvey, como muchos otros médicos y biólogos a lo largo de la historia, sospechaba que la sangre circulaba por el cuerpo. Se sabía incluso que sangre limpia sale del corazón, y que sangre sucia llega a éste para salir nuevamente limpia. También se conocía que la sangre limpia corría por las arterias, y que la sangre sucia iba por las venas.
Pero lo que no se sabía era dónde se realizaba el trasvase, es decir, dónde es que la sangre arterial pasaba a las venas. Harvey no podía saberlo, aunque lo adivinaba, porque en vida del gran médico todavía no se había inventado el portentoso instrumento llamado microscopio.
Poco después de la muerte de Harvey, otro médico, éste, italiano y de nombre Marcello Malpighi, puso bajo el microscopio tejido vivo, y pudo observar que arterias y venas se conectan mediante unos diminutos compartimentos que hoy llamamos vasos capilares.
De modo que la hipótesis circulatoria de Harvey no hubiera podido ser confirmada sin el concurso del trabajo científico del naturalista holandés Anton van Leeuwenhoek, el inventor del microscopio. Leeuwenhoek vivió 90 años, casi a lo largo de todo el siglo XVII. Así que el inglés, el holandés y el italiano son, al mismo tiempo, hijos de esa centuria esplendorosa y padres de uno de los mayores descubrimientos científicos de la historia de la humanidad.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 14 de abril de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Signo de los tiempos
Hoy en día es muy baja para cualquier mexicano la probabilidad de morir por causa de una enfermedad infecciosa. Algunas de éstas, como la viruela, están erradicadas no sólo del territorio nacional, sino del planeta. Para muchas otras, como la poliomielitis y la difteria, existen vacunas que mantienen a la población a salvo. Y muchas otras patologías se combaten eficazmente con los modernos antibióticos.
Ahora son otros los enemigos. Entre éstos, el tabaquismo, el alcoholismo, la drogadicción y, signo de los tiempos, los accidentes de tránsito, como los choques o los atropellamientos. Según la Organización Panamericana de la Salud, la tasa de mortalidad en México por este tipo de accidentes es de 15 por 100 mil habitantes.
Para saber si esa tasa es mucho o poco, es necesario compararla con otras. Por ejemplo con la tasa de mortalidad del cáncer de próstata. De acuerdo con los especialistas, este tipo de cáncer presenta una tasa de 16 decesos por 100 mil habitantes. Comparado este por ciento con el de los accidentes de tránsito, podemos saber que la mortalidad por cáncer de próstata es más o menos igual.
Pero con tasas de mortalidad semejantes, es claro que en ambos casos existen medidas preventivas. Y es mucho más fácil y económico prevenir y evitar un accidente de tránsito que un cáncer prostático. Sencillas normas como no conducir cansado, a exceso de velocidad o bajo el influjo del alcohol pueden reducir drásticamente este tipo de mortalidad. Y por lo que toca a los peatones, bastaría cruzar las calles por los puntos adecuados y hacerlo de acuerdo con el semáforo para llevar casi a cero el número de muertes.
El triunfo de la ciencia sobre la mortalidad por enfermedades evitables o curables es una realidad. Sería magnífico que un mayor nivel de conciencia de los mexicanos posibilitara reducir el número de muertes por los siempre prevenibles y evitables accidentes de tránsito.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 31 de marzo de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
No hay consenso
La circuncisión no es en México una práctica médica de rutina o de carácter general. Las tres grandes instituciones públicas de salud (SSA, IMSS e ISSSTE) sólo la realizan cuando poderosas razones médicas la aconsejan o la consideran imprescindible.
En Estados Unidos, un porcentaje muy elevado de la población está circuncidado. Y es que, durante muchos decenios, las asociaciones médicas estadounidenses la recomendaban como una medida de rutina y de carácter general. Actualmente, sin embargo, la Academia de Pediatría de la Unión Americana no recomienda la circuncisión de rutina, y mantiene una posición neutral en la materia.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud y el Programa de la ONU contra el Sida actualmente recomiendan la circuncisión como una vía adicional para luchar contra el VIH en el caso de los hombres heterosexuales. Pero ambos organismos puntualizan que la circuncisión no constituye una garantía contra esa infección. Y menos contundente es esa recomendación cuando se sabe que se basa en estudios realizados en el África subsahariana, cuyas condiciones de salud y educativas son absolutamente particulares por negativas.
Algunos propagandistas de la circuncisión dicen que las parejas femeninas de los circuncidados están menos expuestas a la infección del virus del papiloma humano. Y citan como ejemplo la casi nula prevalencia del cáncer cérvico-uterino en la población judía. Pero en contrario puede afirmarse que la mayor parte de los europeos no están circuncidados, y que en el Viejo Mundo es también muy baja la prevalencia de ese cáncer.
Todo lo anterior no es sino una pequeña muestra de la falta de consenso médico sobre la circuncisión como medida generalizada. Y cabe pensar que este virtual empate entre procircuncisionistas y anticircuncisionistas tenderá poco a poco a resolverse con la victoria de quienes piensan que “lo que natura da, bisturí no debe quitar”.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 17 de marzo de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Nunca fue simpático
El condón o preservativo, como bien se sabe, tiene dos funciones: sirve para evitar el contagio de enfermedades venéreas, también llamadas de transmisión sexual, y es útil igualmente como medio anticonceptivo.
Nunca, desde luego, el condón fue simpático. Y creo que en los varios siglos que lleva de vida no ha habido quien diga que le gusta usarlo. Pero si jamás fue simpático, durante muchas centurias tampoco fue eficaz en la realización de sus dos funciones: hecho de tela, ni servía para evitar embarazos ni era útil a la hora de poner a la gente a salvo de una enfermedad venérea.
Pero la ciencia y la tecnología, si bien fueron capaces de hacer eficaz al condón para realizar sus dos tareas milenarias, no han podido, en cambio, hacerlo simpático.
Hecho de membrana de animales, al condón se le aceptó –cuando así fue– como un mal necesario. Cual una molestia de la que no era posible escapar. Hoy ya no es así. La moderna anticoncepción química (la píldora y sus derivados), la mecánica (el dispositivo intrauterino) y la quirúrgica (la salpingoclasia femenina y la vasectomía masculina) han hecho prescindible al condón como método anticonceptivo.
Y lo mismo pudo decirse, durante tres décadas y media, de la tarea del condón como barrera para impedir el contagio de los males del amor. El invento de la penicilina, en 1943, permitía olvidarse del preservativo: sífilis y gonorrea se habían vuelto curables.
Mas la aparición del sida, en 1980, hizo que el antipático condón se tornara de nuevo imprescindible. Y modernizado mediante el látex, puede hoy cumplir cabalmente las dos funciones para las que el ingenio humano lo ideó hace cinco siglos.
No hay duda, sin embargo, de que muy pronto el preservativo será, para ambas tareas, una opción y no un imperativo. Llegará ese momento cuando se obtenga la vacuna o la cura contra el sida. La ciencia y la tecnología no tardarán mucho en lograr una u otra.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 3 de marzo de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
La diosa del amor
Cuando se habla de enfermedades venéreas, siempre vienen a la mente la sífilis, la blenorragia (o gonorrea), el chancro o los chancros y, desde 1980, el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).
Pero ocurre que estas cuatro patologías son sólo una parte del amplio catálogo de las igualmente llamadas enfermedades de transmisión sexual (ETS). De su carácter de dolencias transmitidas o adquiridas por relaciones sexuales se derivó, desde hace milenios, su otra y más común denominación de enfermedades venéreas. Venéreo es un vocablo que proviene de Venus, la diosa del amor entre los antiguos romanos. Se trata, pues, de enfermedades adquiridas o transmitidas por el acto carnal al que pudorosamente llamamos “hacer el amor”.
En ese catálogo de padecimientos venéreos se encuentran otros también muy conocidos, como el herpes (oral o genital) y las ladillas o piojos púbicos. Y otros, de los que se habla mucho, pero de los cuales se ignora generalmente su condición de enfermedades de transmisión sexual, como son los casos de las hepatitis B y C, la sarna, una faringitis de origen gonocócica (el germen de la gonorrea) y las micosis (los hongos).
A todos estos padecimientos y a algunos otros se les puede llamar con propiedad enfermedades venéreas, porque se transmiten, aunque no exclusivamente, por relaciones sexuales genitales u orales. Algunos contagios pueden darse por transfusión de sangre contaminada, de la madre al hijo en el momento del nacimiento, por el uso de jeringas infectadas y por el contacto con ropas o utensilios de enfermos.
Para todos estos padecimientos existe eficaz medicación. Pero siempre será mejor prevenir que curar. Y de todas estas patologías se conocen formas idóneas de prevención, como son la higiene, las visitas periódicas al médico, la esterilización de material quirúrgico y el uso del condón. Así que, como diría un publicista: “Agua, jabón, cuidado y condón”.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 17 de febrero de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Violencia intrafamiliar
Con toda seguridad podría afirmarse que la violencia intrafamiliar siempre ha existido. Pero es obvio que ese tema ocupa hoy un lugar preeminente en las preocupaciones sociales del mundo actual. Y México, lógicamente, no es la excepción.
Se sabe que las mujeres, los infantes y los ancianos suelen ser las personas que más padecen este fenómeno. Y se sabe, igualmente, que esa violencia puede ser sólo verbal o que puede ir acompañada de golpes, lesiones y destrucción de ropas, muebles y otros bienes materiales.
Pero que se conozca y reconozca la existencia de ese hecho, no significa que se conozcan las motivaciones, las causas y las consecuencias. Se trata de un fenómeno complejo y multifactorial. Y que, además, se encuentra oculto por un espeso velo de silencio personal y social que tiende a ocultarlo o a minimizarlo.
Existen evidencias de que la violencia intrafamiliar no conoce de clases sociales ni de edades ni de escolaridades, y que se da lo mismo entre quienes consumen alcohol y otras drogas y entre quienes no son consumidores de estupefacientes.
Pero conviene no engañarse: pobreza, alcohol y otras drogas, nupcialidad temprana y baja escolaridad, incultura y escasa educación son fenómenos que contribuyen decisivamente a incrementar la gravedad y la extensión de la violencia intrafamiliar.
Y aunque está muy claro que se trata de un fenómeno sin fronteras sociales y sin causas que pudieran ser calificadas como específicas, es también evidente que mejorías en escolaridad, un mayor ingreso económico, educación y cultura pueden atemperar el problema.
También queda claro que un menor o nulo consumo de alcohol y otros estupefacientes pueden igualmente contribuir a llevar a la baja esa vergonzosa violencia.
Y tampoco cabe duda de que una nupcialidad (o una vida en pareja) menos temprana puede también contribuir a la atemperación de la violencia intrafamiliar.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 3 de febrero de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Películas
Todo el mundo sabe lo que significa la palabra utopía: un lugar que no existe. Utopía procede de los vocablos griegos ou, que quiere decir no, y topos, lugar. Se trata de un país imaginario en el que no hay ricos ni pobres, donde ya no existe el dolor ni la injusticia.
“Utopía” se llamó la obra del inglés Tomás Moro, una novela política y social que pinta un Estado socialista y democrático imaginario. Pero no es la única obra utópica. Otro Tomás, éste de apellido Campanella, publicó “La ciudad del sol”. Y, ya en el siglo XIX, el francés Charles Fourier ideó un sistema de camaradería, libre asociación y trabajo voluntario, capaz de de dar plenos bienestar y felicidad a sus integrantes.
En la acera de enfrente, novelistas y cineastas han creado obras exactamente contrarias a la utopía. Sociedades del futuro en las que reinará el caos, la destrucción, la enfermedad, las peores calamidades y hasta la casi extinción del género humano. A este tipo de obras literarias o cinematográficas se les llama distopías.
Quién no recuerda la película “Cuando el destino nos alcance”, que pintaba un escenario apocalíptico como fruto del imparable crecimiento de la población. Y hoy, cuarenta años después, se sabe que el incremento demográfico ha dejado de ser un problema.
Me acordé de todo esto al ver hace poco el filme “Soy leyenda”, que trata sobre la mutación del virus del sarampión (o de la viruela) que provoca una epidemia que, en 2009, casi extingue a la humanidad.
Así como las utopías buscan despertar los mejores sentimientos y la esperanza en los seres humanos, las distopías procuran aterrorizarnos con visiones apocalípticas, desmentidas una y otra vez por la historia.
El ébola, el sars, la gripe aviar, el cambio climático y el sida son los caballitos de batalla de novelistas y cineastas distópicos. Pero la situación actual de esos mismos flagelos es la prueba de la imposibilidad absoluta de tales futuros apocalípticos.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 20 de enero de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
El sida y las etiquetas
Aunque las cifras varían de país a país, se sabe que de cada cien personas infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), ochenta son varones y veinte son mujeres. O, dicho de otro modo, que el 80 por ciento de los infectados con el virus del sida son hombres.
Pero también se sabe que de ese universo de hombres infectados con el VIH, el 85 por ciento son hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres.
Pongamos un ejemplo numérico absolutamente arbitrario y sólo con fines explicativos. Supongamos que existe un millón de personas infectadas con el virus del sida. Pues bien: de ese millón, 800 mil son hombres y 200 mil son mujeres. Y de esos 800 mil varones, 680 mil (el 85%) son hombres que han tenido o tienen relaciones sexuales con hombres.
El lector habrá notado que para hablar de los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se ha empleado ni se emplea la palabra homosexuales.
Se trata de un criterio establecido por los científicos que estudian el problema de la propagación del sida. Estos saben que muchos hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se reconocen a sí mismos como homosexuales, sino como heterosexuales o, bien, bisexuales.
No calificar como homosexuales a los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres puede parecer a muchas personas un criterio discutible o equivocado. Pero para detener o atemperar la propagación del sida, los calificativos no tienen importancia. Lo importante es saber cómo se propaga el sida. Porque sabiendo esto se puede combatir de manera más eficaz la pandemia.
La palabra homosexual califica a una persona, en tanto que la expresión “hombres que tienen o han tenido relaciones con hombres” describe un hecho. Y ya se sabe que el avance científico no se basa en etiquetas o calificaciones, sino únicamente en el riguroso conocimiento de los hechos.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 6 de enero de 2009
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Galenos y deportistas
Pocas veces se hace la comparación, pero no hay duda que es más útil y vale más un médico que un deportista profesional. Un galeno restaura la salud y salva vidas. Un deportista es, en el mejor de los casos, simplemente un pequeño factor, a la postre desechable, en el gran negocio del entretenimiento.
¿Puede compararse la utilidad social y el valor para la humanidad del más grande deportista, llámese Pelé o Babe Ruth, con el modesto médico rural inglés William Jenner, descubridor nada menos que de la vacuna contra la tenebrosa y mortífera viruela, azote de la humanidad por milenios?
¿Y qué decir en una comparación entre el célebre tritón estadounidense Michael Phelps, ganador en los juegos olímpicos de Pekín de ocho medallas de oro, y el bendito galeno, también estadounidense, Jonás Salk, creador de la primera vacuna contra la poliomielitis, patología destructora por millones de personas, familias, esperanzas e ilusiones, y hoy casi erradicada en todo el planeta? ¿Y cuántas vidas le debe la humanidad al descubridor de la penicilina, el médico inglés Alexander Fleming?
Un deportista profesional gana dinero con su actividad. Un médico también. Pero el médico más ilustre nunca logrará acumular una fortuna semejante a la que consigue una endiosada muchacha por pegarle bastonazos a una pelotita en un bello jardín exclusivo para pudientes ociosos.
Pero lejos de la merecida presencia en los libros de historia de esos tres grandes humanistas se encuentran los anónimos médicos de una clínica del Seguro Social, del ISSSTE o de la Secretaría de Salud que realizan cotidianamente el milagro de restaurar la salud o salvar la vida de otro anónimo personaje al que damos el nombre de paciente.
Nada de esto es un secreto. Pero una increíble inversión de los valores sociales hace héroes públicos a personajes del deporte que ni en sueños pueden alcanzar los méritos del más modesto de los galenos.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 23 de diciembre de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Un plato de mole
El 17 de julio de 1928, durante un banquete en el restaurante La Bombilla, en el barrio de San Ángel en la ciudad de México, fue asesinado el recién reelecto presidente de la república, el navojoense, Álvaro Obregón Salido.
El asesino, un fanático católico llamado José de León Toral, fue detenido y torturado, y finalmente fusilado el 9 de febrero de 1929. Cuentan los cronistas de la época que tras el balazo, instantáneamente, la cabeza del general invicto cayó pesadamente sobre un plato de mole.
Todo esto es conocido. Pero poco se sabe que el llamado Manco de Celaya padecía desde mucho tiempo antes de su muerte, a los 48 años, una enfermedad hasta entonces incurable y devastadora: la sífilis.
Según nos lo ha hecho saber el chihuahuense Jorge Aguilar Mora, en su ensayo Un día en la vida del general Obregón, el victorioso militar se atendía de su dolencia venérea en hospitales de EU.
Por aquellos tiempos, la incurable sífilis se trataba con mercurio, terapéutica de escasa eficacia que en la mayoría de los casos producía males físicos mayores que los propios de la patología. Éstos son, en la etapa final de la enfermedad, graves daños al sistema nervioso, al corazón, al cerebro y a otros órganos, así como la muerte.
Curiosamente, en el mismo año del asesinato de Obregón, 1928, el bacteriólogo inglés Alexander Fleming descubrió las propiedades antibióticas de un hongo llamado penicillium notatum, que dio origen a una droga milagrosa, la penicilina, capaz de curar la sífilis y el resto de las enfermedades de origen bacteriano.
Diez años más tarde, también en Inglaterra, otros dos eminentes científicos, Ernest Chain y Howard Florey, completaron el trabajo de Fleming, y posibilitaron que a partir de 1943 comenzara la producción comercial de la penicilina.
Quince años después de la muerte del general invicto, la penicilina derrotó para siempre a la milenaria y hasta entonces invicta sífilis.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 9 de diciembre de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Testimonio
Allá por 1955, durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, el gobierno federal, por conducto de la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia, empezaba la campaña de inmunización contra la terrible poliomielitis (o parálisis infantil), con la masiva aplicación de la vacuna Salk, creada por el eminente bacteriólogo estadounidense Jonás Salk.
Por aquella época contaba yo con siete años. Y por razones de mi propia edad, no pude ser vacunado. Y tampoco mi hermano Juan José, 19 meses mayor que yo. La vacuna se aplicaba sólo a menores de seis años. Pero por fortuna ninguno de los dos fue víctima de la terrible enfermedad. De modo que no quedamos inválidos o resultamos muertos por pura suerte.
Nuestra hermana Elena, algunos años menor que nosotros, sí fue vacunada. De modo que ella no murió o quedó discapacitada, no por razones de suerte, sino merced a una política deliberada de salud pública. Digamos que en su caso, el gobierno priísta de entonces cumplió con la elementalísima obligación de procurar la salud de los mexicanos. Hoy, y desde hace algunos años, por fortuna, la polio se encuentra erradicada del territorio nacional.
¿Habrá habido en esos momentos algún insensato, insensible o estulto político, empresario o periodista que se haya atrevido a calificar de populista o electorera esa política que salvó de la muerte, la invalidez, el dolor, la marginación y otras penalidades a mi hermana Elena y a millones y millones de niños mexicanos?
Seguramente no hubo entonces alguien tan estúpido. Pero por lo que se lee en la prensa y se ve y escucha a través de los medios electrónicos de comunicación, hoy abundan esos políticos, empresarios y periodistas de agudo cretinismo que se atreven a calificar de populistas, clientelares o electoreras las políticas públicas de salud.
¡Ah!, contra ese agudo cretinismo, he aquí mi testimonio de gratitud y mi recuerdo emocionado del bacteriólogo Jonás Salk.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 25 de Nov. de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Cosa del pasado
Todavía hace un siglo, la mortalidad materna en todo el mundo por embarazo, parto y puerperio (período que sigue al parto y que dura el tiempo necesario, de 6 a 8 semanas, para que el aparato reproductor femenino vuelva a la normalidad) podía medirse en tanto por ciento. Digamos, por ejemplo, de diez por ciento. O dicho de otro modo, diez muertes maternas por cada cien niños nacidos vivos. O, de tres por cada cien, es decir, del tres por ciento. O, si era muy baja, de uno por ciento.
Eso ya es cosa del pasado. Hoy las muertes maternas por embarazo, parto y puerperio no se miden por cada cien niños nacidos vivos, sino por cada cien mil. En lugar del índice “tanto por ciento” se emplea el índice “tanto por cien mil”. Esto significa que en la última centuria se ha reducido enormemente la mortalidad por razones ligadas a la maternidad.
Actualmente, la tasa de mortalidad mundial por causas relativas a la maternidad es de 400 por cada cien mil nacidos vivos. Esta tasa es mucho más baja en América Latina: 190 por cada cien mil nacidos vivos. Pero es enormemente más baja en Europa (36), EU (11), Japón (10) y Cuba (21).
De modo que en la patria de Martí la mortalidad por embarazo, parto y puerperio es 19 veces más baja que en el planeta en su conjunto. Y es 9 veces más baja que en las naciones de Latinoamérica.
Todas estas son cifras públicas, reconocidas y avaladas por las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
Frente a la contundencia e irrebatibilidad de estas cifras, sólo los prejuicios, la desinformación y la propaganda negra pueden negar que Cuba ha conseguido con su sistema de salud y educación públicas universalizadas y gratuitas lo que sólo unos cuantos de los países más ricos del orbe han logrado.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 11 de Nov. de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
No hay razón
Con gran sabiduría, el refrán popular afirma que es mejor prevenir que lamentar. Pero con idéntica sapiencia podría decir que es mejor prevenir que curar. Esta es la base filosófica de la medicina preventiva.
En el caso específico de la población femenina, existen dos graves patologías cuya aparición puede ser prevenida. Se trata del cáncer de mama y del cáncer cérvico uterino, es decir, cáncer del cuello del útero o matriz.
Para la prevención del cáncer de mama, la ciencia médica cuenta con un estudio radiológico denominado mamografía o mastografía. Y para la prevención del cáncer cérvico uterino se practica desde hace décadas el estudio citológico (de tejido) llamado papanicolau.
Del cáncer de mama se desconoce su origen, causa o etiología. Pero en el cáncer del cuello de la matriz, la ciencia médica ha logrado establecer que la causa del padecimiento es un virus: el virus del papiloma humano.
Con base en este conocimiento, la ciencia médica y la industria farmacéutica han logrado producir una vacuna. Y si bien todavía es un fármaco de elevado precio y, por lo tanto, fuera del alcance de grandes sectores de la población, cabe esperar que pronto el precio del producto sea suficientemente bajo como para que puedan adquirirlo las mujeres de cualquier condición social.
Médicos y expertos en salud pública dicen, sin embargo, que no hay motivos de preocupación, pues la prueba del papanicolau garantiza la plena prevención de este flagelo.
¿Cuál es la razón, entonces, de que en México siga siendo alta la mortalidad tanto por cáncer de mama como cérvico uterino? La respuesta, sin duda, es dolorosa. Porque a pesar de contar con esas dos eficaces medidas preventivas, muchas mujeres se abstienen, por ignorancia o abulia, de practicarse dichas pruebas.
Hoy en día, ninguna mujer tendría que morir por estos dos padecimientos. Hoy en día, ninguna mujer debe ser ajena a esos dos estudios preventivos.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 28 de octubre de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Los siete magníficos
En 1954, Akira Kurosawa dirigió un filme que hoy es considerado un clásico de la cinematografía mundial. Titulado en castellano Los siete samuráis, cuenta la historia de unos guerreros que ayudan a una pequeña población campesina a defenderse de los atracos de un grupo de bandoleros.
Seis años más tarde, en 1960, John Sturges dirige una nueva versión de la obra de Kurosawa, ambientándola en la frontera entre México y EU, en un western que en español se llamó Los siete magníficos y que muy pronto también se convirtió en un clásico.
Pero no sólo el cine tiene sus siete magníficos. También los tiene la historia de la medicina. Se trata de siete descubrimientos científicos que han proporcionado bendiciones sin medida a una humanidad hasta entonces doliente y sin esperanza.
Esos siete avances científicos son muy jóvenes. Casi todos nacidos en el siglo diecinueve. El más viejo, la vacuna, creada por el inglés William Jenner, vio la luz en las postrimerías del siglo dieciocho.
Los seis compañeros más jóvenes de la vacuna son la asepsia, la antisepsia, la anestesia, los antibióticos, la cirugía y, el más tierno, que todavía anda en pañales, los antivirales.
A la asepsia, sencillo procedimiento que consiste en usar agua y jabón para mantener limpias las manos y otras partes del cuerpo, se le debe la salvación de millones de vidas. Y también a la antisepsia, su prima hermana, cuya tarea es destruir los gérmenes presentes en heridas accidentales o quirúrgicas.
La anestesia también nació en el siglo diecinueve. Y a ella le debe la humanidad la hoy casi absoluta ausencia del milenario dolor. El uso de la anestesia ha posibilitado el desarrollo gigantesco del quinto magnífico: la moderna cirugía.
Dos de esos siete magníficos son hijos del siglo veinte: los antibióticos, creados por otro inglés, Alexander Fleming, y los antivirales, que ya se apuntan un triunfo monumental en el tratamiento del sida.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 14 de octubre de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Lepra
Durante milenios la lepra fue una enfermedad incurable. Pero en la actualidad, aunque desde hace muy pocos años, el leproso puede ser absolutamente curado. La terapéutica que obra este milagro se llama poliquimioterapia (PQT). Y consiste en la administración de un coctel compuesto por tres medicamentos: la rimpaficina, la clofacimina y la sulfona.
La lepra es una enfermedad muy poco contagiosa. Para contraerla se requiere de una relación cercana, constante y prolongada (de varios años) con un leproso. Los lepromátologos han logrado saber que sólo un diez por ciento de cualquier población es susceptible al contagio en las condiciones descritas. O, dicho de otro modo, que el noventa por ciento de la población es naturalmente inmune a la lepra.
Según la Secretaría de Salud y la Organización Mundial de la Salud, en México sólo existen un poco más de 2 mil leprosos. Y puede asegurarse que en breve tiempo la lepra, también llamada enfermedad de Hansen, será completamente erradicada del país.
Si bien la lepra es hoy absolutamente curable gracias a la poliquimioterapia, la existencia de esos 2 mil y pico leprosos se explica porque, al ignorar que la enfermedad es curable, los enfermos se abstienen de acudir al médico o a un centro de salud para ser diagnosticados y recibir tratamiento.
Esa ignorancia de los enfermos, de sus familias, de sus vecinos y de la población en general encuentra su explicación en el hecho de que la cura completa de la enfermedad sólo es posible desde hace 21 años, pues fue a partir de 1987 que la poliquimioterapia demostró su eficacia terapéutica y pudo estar al alcance del universo de enfermos de modo gratuito.
Como en muchas otras patologías, la curación plena de la lepra depende en mucho de su detección y tratamiento oportunos: antes de que la bacteria causante del mal produzca sus efectos deformantes en la cara del paciente e invalidantes en diversas partes del cuerpo.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 30 de Sept. de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Mascotas
Un estudio publicado en el número en circulación de la revista Salud Pública en México hace preocupantes revelaciones sobre la relación causal entre la diarrea infecciosa aguda (DIA) en niños menores de cinco años y la convivencia de éstos con animales en el hogar, sobre todo perros y gatos.
Y más aún: el estudio ha logrado establecer que en niños que conviven con al menos un animal doméstico, la probabilidad de la diarrea infecciosa aguda es ocho veces mayor que en infantes que no conviven con animales.
Estos datos son de gran importancia para México, por dos razones principales. Una, que como es cosa pública y bien sabida, en nuestro país es muy extensa la población infantil que convive con animales, las hoy célebres mascotas; y dos, que si bien México ha conseguido disminuir la mortalidad por DIA, es aún muy alta la morbilidad (los casos de enfermedad) por esa causa.
El conocimiento de estos hechos debería llevar a los padres de familia y a las autoridades de las secretarías de Salud y de Educación Pública a tomar medidas inmediatas y urgentes para desestimular la hoy muy extendida afición de los niños y jóvenes por poseer una mascota.
La prevención y el control de las enfermedades diarreicas es uno de los mayores desafíos de la medicina y de la educación en México. Pero ahora sabemos claramente que la prevención y el control de esas patologías pasa por la realización de una tarea sanitaria y educativa fundamental: el combate a la convivencia de humanos con esa moderna plaga en que se ha convertido la afición por las mascotas.
Los anteriores datos son en sí mismos muy preocupantes. Pero son para alarmar si sabemos que diversos estudios epidemiológicos han alertado sobre la posibilidad de que ciertos animales pudieran servir de fuente de infección para los infantes, al haberse detectado rotavirus en humanos que al parecer son rearreglos (mutaciones) entre rotavirus de humanos y animales.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 16 de Sept. de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
John Snow
En 1854 hubo un brote de cólera en la ciudad de Londres que mató a más de 500 personas en diez días. Como todas las epidemias de la historia hasta entonces, no se conocía la causa del brote epidémico. Pero apareció en escena un médico y científico verdadero: el doctor John Snow.
Al doctor Snow se le ocurrió marcar con una cruz en un mapa de la capital de Inglaterra los hogares de las personas que habían fallecido de cólera durante ese brote. Y encontró que todos esos domicilios pertenecían a un solo barrio. Y encontró igualmente que el agua potable surtida a ese barrio provenía de una sección del río Támesis que, como se sabe, cruza toda la ciudad. El médico sugirió cambiar de sitio la extracción del agua. Así se hizo. Y, como por arte de magia, desapareció la epidemia.
La razón de ese brote mortal era el agua de esa sección del río contaminada con heces fecales, pues, como se sabe, durante siglos los ríos han sido utilizados para depositar las excretas y deshacerse de ellas.
Por razones de tiempo histórico y de desarrollo científico, el doctor Snow no podía conocer que el cólera es producido por un microorganismo: la bacteria vibro cholerae. Ni podía saber que, como todo microbio, es destruible con el simple expediente de hervir el agua para beber.
Pero a Snow le bastó suponer que la causa del brote era fruto de la ingesta de una cierta calidad del agua. Y para atacar el efecto, le bastó, igualmente, suprimir la causa. El eminente médico aplicó el principio científico de la causalidad.
Este principio filosófico sostiene que todo hecho tiene una causa que lo origina. Snow lo comprobó experimentalmente: atacó la causa y terminó el efecto.
Hoy se sabe que el cólera puede evitarse mediante una vacuna, y que en personas ya infectadas la cura se logra con la administración de antibióticos. Pero el principio filosófico es el mismo que utilizó Snow: atacar la causa para suprimir el efecto.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 2 de septiembre de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Invento maravilloso
Durante milenios, el hombre vivió de la caza, la pesca y la recolección de vegetales y de pequeños animales, como las hormigas. Se trataba de comunidades nómadas, eternamente migrantes. Pero el descubrimiento del poder generatriz de la tierra condujo al ser humano a la práctica de la agricultura. De esto hace, digamos, unos diez mil años.
Una vez iniciada la vida sedentaria, propia del cultivo del suelo, sólo fue cosa de tiempo el nacimiento de las ciudades. Este enorme avance civilizatorio tenía, sin embargo, un pequeño inconveniente: el manejo de las excretas.
Porque mientras en los pueblos errantes las excretas no constituyen un inconveniente, en las comunidades sedentarias se convierten en focos de infección y, de cuando en cuando, de mortíferas epidemias.
Las sociedades sedentarias, por supuesto, crearon pronto las técnicas y los instrumentos para el manejo higiénico de las excretas: un avance tecnológico universal bautizado en lengua castellana con el nombre de letrina.
Son muchas, desde luego, las bondades de la letrina. Pero no hay duda de que la mayor de ellas fue su contribución al control y erradicación de las catastróficas epidemias que durante siglos asolaron al género humano.
Y si bien es verdad que la aparición de las primeras letrinas puede datarse con certeza en épocas tan remotas como la Antigüedad preclásica, es cierto también que su uso generalizado es más bien un fenómeno reciente en la historia.
Datos ciertos dan cuenta de que en el imperio romano existían numerosas letrinas en las calles principales. Mas dan cuenta, igualmente, de que sólo las clases sociales privilegiadas podían tener una letrina en casa.
Pero en ese privilegio exclusivo de los ricos se incubaba el origen de las letales epidemias que el modesto excusado (con las vacunas, los antibióticos y la higiene en general) ha conseguido convertir en cosas de un irrepetible pasado de amargo recuerdo.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 26 de agosto de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
El inicio de la ancianidad
La vejez –nos dijo sor Juana– es un ultraje. Pero la monja ilustre, que hablaba en su soneto sobre sí misma, no era, para los estándares de los siglos 20 y 21, una anciana. Al morir sólo contaba con 46 años. Hoy diríamos que en la quinta década de su existencia estaba viviendo una etapa de madurez biológica.
Y es que pocos fenómenos son tan difíciles de calificar como la ancianidad. Platón, quien murió a los 80 años, ciertamente era un anciano. ¿Pero cómo sensatamente decirle anciana a una persona que apenas ha llegado a los sesenta años? Y es claro que esa calificación tampoco procede para quien anda en los 65.
Esta es, sin embargo, la norma vigente. La Ley del Seguro Social, por ejemplo, establece los 60 años como la edad en que puede solicitarse la pensión por cesantía en edad avanzada. Y los 65 para la solicitud de pensión por vejez.
Pero no hay duda de que un hombre o una mujer de esas edades no presentan, en lo general, el rasgo distintivo de la ancianidad que es la paulatina y progresiva pérdida de la autonomía. En el México del siglo 21, esa pérdida de autonomía puede documentarse a partir de los 75 años de edad.
Es cierto que existen innumerables personas que experimentan esa pérdida de autonomía mucho antes de los 75. Pero en lo general se trata de pacientes de enfermedades crónico-degenerativas y hasta invalidantes, como son una diabetes descuidada, un accidente cardiovascular severo, una insuficiencia renal o un tumor maligno.
Fuera de estos casos, la pérdida de autonomía por deterioro físico y mental comienza, en términos generales, en México y en el mundo occidental, hacia los dichos 75 años.
De modo que con arreglo a un criterio médico-científico y no puramente ideológico, la vejez moderna, con sus distintos y eufemísticos nombres (tercera edad, adultos mayores, edad avanzada, adultos en plenitud, etc.) no puede cifrarse, sensatamente, antes de los 75 años.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 19 de agosto de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Una comparación útil
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha creado un sistema para medir el grado de bienestar de una sociedad cualquiera. Este método, que recibe el nombre de Índice de Desarrollo Humano (IDH) consiste en la combinación de tres factores. Uno, la esperanza de vida; dos, el nivel de alfabetización y escolaridad; y tres, el producto interno (PIB) per cápita.
La esperanza de vida es el mejor indicador del estado de salud de una sociedad. Y una vida prolongada por buenas condiciones de salud es la señal más fiable del buen desarrollo humano de una comunidad.
Por lo que toca al nivel educativo, parece innecesario decir que a mayor alfabetización y escolaridad, mayor es el grado de desarrollo de una población. Islandia, por ejemplo, que es el país con mayor IDH, tiene una tasa de alfabetización de 100 por ciento y quince grados de educación obligatoria. Y no sale sobrando decir que en Islandia es gratuita toda la educación, desde la preescolar hasta la universitaria.
Y en cuanto al tercer factor, el PNUD establece como índice el producto interno bruto per cápita anual en dólares estadounidenses. En el caso de Islandia, el PIB per cápita es de casi 39 mil dólares anuales.
Para tener una idea del IDH, piénsese en una escala de cero a diez. Los países de mayor desarrollo están entre 10 y 8; los de desarrollo medio están entre 7.9 y 6.0; y los de menor desarrollo se encuentran por debajo de seis.
México, que está entre las naciones de IDH alto, tiene una calificación de 8.29. En nuestro país, la esperanza de vida es de 75 años; el nivel de alfabetización alcanza 91 por ciento; la educación obligatoria es de 9 grados; y el PIB per cápita anual es de 13 mil 200 dólares, lo que sitúa a México por encima del gigante China (7.77), pero debajo de la pequeña Cuba (8.38).
Hay quienes dicen que México está muy mal. Pues comparado con el resto del mundo, parece que no tanto.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 12 de agosto de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Nadie lo sabe
El 17 de abril de 1695, a las tres de la mañana, murió la más grande pensadora mexicana: sor Juana Inés de la Cruz. Tenía 46 años. La insigne escritora fue víctima de una epidemia, una de tantas que de cuando en cuando asolaban y diezmaban a la ciudad de México (y a otras urbes y poblaciones del planeta).
Nadie sabe a ciencia cierta, sin embargo, cuál fue la enfermedad que privó a México y al mundo del genio de sor Juana. Hay quien dice que se trató de una epidemia del temible cólera morbus. Pero la falta de conocimientos científicos de la época impedía siquiera establecer un diagnóstico.
Eso fue al finalizar el siglo XVII. Mas esa falta de conocimientos se prolongó hasta comienzos del siglo XX. En 1918, otra epidemia universal y catastrófica se llevó a la tumba a 25 millones de seres humanos, aunque existen fuentes que hablan de más de 50 millones de víctimas.
A esa peste cataclísmica se le dio el nombre de influenza o gripe española, pues fue en el país ibérico donde se inició la epidemia y donde causó quizás el mayor número de fallecidos.
Unos meses después de aparecido, el flagelo se extinguió sin que se supiera de dónde había venido ni cómo había llegado. Nadie tampoco supo de qué peste se trataba. Esa ignorancia absoluta impidió hacerle frente. Hoy se sabe que se trató de una gripe aviar, de una gripe de las aves. Fue la última gran epidemia de carácter universal, hace ya casi un siglo.
Y si bien hay quien dice que la última gran peste es en realidad la actual epidemia de sida, lo cierto es que esta moderna patología no posee el carácter esencial que calificaba a las pestes históricas.
Este carácter esencial es la imposibilidad de hacerles frente. Porque sin negar su índole epidémica, el sida es hoy una enfermedad prevenible, tratable y controlable. Una patología crónica y de larga sobrevida. Y no, como al principio y por algunos años, una enfermedad terminal de origen desconocido.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 5 de agosto de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Mujeres delincuentes
Todo el mundo sabe que tanto los hombres como las mujeres delinquen. Pero pocos conocen que, en México, de cada cien delincuentes, 95 son varones y cinco son mujeres. Estos son algunos de los datos que aparecerán en el número del mes de agosto de la revista Affidamento. Mujer y Cultura, en la extensa entrevista que concedieron a la publicación la demógrafa Susana Natali y la abogada Beatriz Vargas.
Las dos científicas sociales nos hacen saber asimismo que el mayor número de personas presas, tanto hombres como mujeres, lo están, en proporción semejante, por haber sido acusados o sentenciados por delitos patrimoniales: hombres 68.3 por ciento y mujeres 56.6 por ciento.
Pero a partir de ahí los delitos varían de acuerdo al sexo, pues en segundo lugar, en el caso de los hombres, se encuentran los delitos contra la vida, con el 12.7 por ciento, mientras que entre las mujeres ese lugar lo ocupan los delitos contra la salud (drogas), con un 27.4 por ciento.
En el caso de los hombres, siguen los delitos sexuales, tercer lugar, con un 7.2 por ciento. Y en el de las mujeres, delitos contra la vida, con un 13.8 por ciento.
En el cuarto sitio se ubican, entre los hombres, los delitos contra la salud, con un 6.2 por ciento, y entre las mujeres están los delitos por uso de armas de fuego y explosivos, con el 1.2 por ciento.
De las anteriores cifras destaca un hecho singularísimo: si bien es cierto que el número de mujeres procesadas y sentenciadas por delitos contra la salud (27.4%) es mucho mayor que el de hombres (6.2%), también es verdad que, en general, las mujeres cometen este tipo de delitos como copartícipes y encubridoras del marido, del hijo, del padre, del hermano o del novio, y no como responsables directas de esa infracción a la ley.
Y un dato más, en verdad estremecedor, que da título al citado trabajo periodístico: si bien ellos delinquen más, ellas reciben penas más severas.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 29 de julio de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Frenazo
Hace 21 años, en 1987, una cuarta parte de las mujeres mexicanas unidas (esposas o concubinas) en edad fértil no empleaba ningún método anticonceptivo, a pesar de su deseo expreso de limitar su descendencia o espaciar el nacimiento de los hijos. Una década después, en 1997, esa cuarta parte se había reducido a la mitad: ya sólo una octava parte de ese grupo de mujeres que no deseaban hijos o querían espaciarlos, no se valía de la anticoncepción como método para no procrear.
A este fenómeno social los demógrafos lo llaman demanda insatisfecha de anticonceptivos. Y el grupo de mujeres que quieren usarlos y no logran adquirirlos está formado fundamentalmente por indígenas que no hablan español y por mujeres con escasa o nula escolaridad.
Visto el asunto en porcentajes, no parece mucho ese 12 por ciento. Pero se trata, en números absolutos, de alrededor de dos millones de mujeres entre las de habla indígena y las semianalfabetas o analfabetas. Y casi sobra decir que ese universo poblacional está compuesto por mujeres muy pobres.
Pero no sólo la pobreza y la falta de escolaridad son la causa de esa demanda insatisfecha. También contribuye a ella el aislamiento geográfico o, dicho más precisamente, el fenómeno de la ruralidad.
Esta situación, que prevalecía hasta hace once años, debió haberse modificado en sentido positivo en la última década. Pero durante el gobierno de Fox y en los 18 meses del actual, ha crecido o no se ha reducido la demanda insatisfecha de anticonceptivos.
Se trata de una clara coincidencia entre la gestión de dos gobiernos conservadores en lo ideológico y un frenazo de la anticoncepción voluntaria y demandada de grupos de mujeres de evidente vulnerabilidad social y económica.
Habría que preguntarse si este lamentable frenazo es producto de una pura coincidencia o si se trata de una política deliberada contra el derecho constitucional de las mexicanas a la anticoncepción.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 22 de julio de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Chaplin y lo esencial
Para Áxel de Paz, joven científico
Cualquier diccionario de la lengua española define a la menopausia como la etapa de la vida de la mujer en que cesa la función menstrual. Y la propia etimología del vocablo expresa ese significado con absoluta claridad: Menopausia: del griego méen, mes y pausis, cesación.
Se trata, como puede verse desde la etimología de la voz, de un proceso biológico que implica el fin de la etapa reproductiva de la mujer, etapa que comienza, justamente, con el fin del ciclo menstrual.
La menopausia, ciertamente, presenta algunas otras características, como determinados malestares físicos y emocionales. Pero se trata de características secundarias, no de un rasgo esencial. Lo esencial de la menopausia es el fin de la etapa reproductiva de la mujer.
Como es más que evidente, este rasgo esencial no se encuentra en el varón, aunque haya quienes, sin bases biológicas, pretendan establecer una inexistente menopausia masculina, a la que, incluso contra las reglas de la etimología, llaman andropausia. De andrós, hombre y pausis, cesación.
¿Hay acaso cesación de la condición de hombre?
Parece innecesario recordar que la menopausia no implica que la mujer deja de ser mujer; que el contenido del vocablo sólo se refiere al fin de la etapa reproductiva femenina; y que la mujer continúa teniendo deseo sexual y vida sexual activa, constante y satisfactoria. La menopausia sólo implica que la mujer no podrá ya ser madre o que no podrá volver a serlo.
Obviamente, la andropausia es un neologismo ideológico sin bases científicas. Un intento bastante fallido por igualar hasta el absurdo a la mujer con el hombre. Algo así como un resabio feminista extremo y radical, insostenible desde el punto de vista científico.
Porque, hasta hoy, las ciencias médico-biológicas no han podido establecer en el varón un momento en el que cese la capacidad reproductiva, rasgo esencial de la menopausia. Y no han podido establecerlo, porque no existe ese momento. ¿Habrá que recordar, como demostración fehaciente, el caso de Charles Chaplin, que fue padre a los 80 años?
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 15 de julio de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Estilos de vida
De unos años para acá, la ciencia médica moderna ha logrado en todo el mundo uno de sus más grandes éxitos. Una verdadera revolución en el campo de la salud y de la vida. Ha conseguido la conversión de patologías terminales en enfermedades crónicas, es decir, en padecimientos tratables con medicamentos para lograr una sobrevida de varios años en el paciente.
Es el caso de los ataques cardiacos Éstos se han reducido muy significativamente gracias al tratamiento terapéutico de las dos causas principales de esos temibles eventos: la hipertensión arterial y el alto colesterol en sangre.
Estos hechos significan que estamos siendo testigos de un nuevo jalón hacia arriba en la esperanza de vida, pues se ha logrado reducir la cantidad de esos ataques, una de las causas de mortalidad en edades relativamente tempranas.
No todo, sin embargo es color de rosa. No todos los signos son favorables en materia de la prolongación de la vida en condiciones de salud físicas y mentales satisfactorias. En el horizonte han aparecido nuevas causas de mortalidad en edades relativamente tempranas.
Dicen los demógrafos que esas nuevas causas de mortalidad son producto de ciertos estilos de vida. Ahí está el temible binomio alcoholismo- accidentes vehiculares. Y también esa plaga de la modernidad que constituyen los suicidios, fenómeno todavía inestudiado y hasta ahora insondable en sus motivaciones últimas.
En esta breve lista de causas de mortalidad debida a ciertos estilos de vida hay que agregar los homicidios. Pero no hay duda razonable que en esta tipología de la mortalidad moderna el primer lugar lo ocupa el tabaquismo.
La sociedad planetaria es protagonista y testigo de una adicción que cada día se presenta más en edades tempranas y muy tempranas, y para la cual la ciencia médica no ha encontrado aún la terapéutica necesaria.
Se trata de una adicción tan poderosa, que ni la más contundente demostración de los daños y los peligros que para la salud y para la vida representa el tabaco es capaz de inducir al consumidor a dejar el mortal hábito.
Esto, sin embargo, no siempre fue así. Porque si bien el hábito de fumar es varias veces centenario, no siempre constituyó la plaga que es hoy. Esta idea de la historicidad del tabaquismo permite ser optimistas sobre la posibilidad de su atenuación e, incluso, de su erradicación.
Porque lo que no siempre existió no tiene porque existir para siempre. Es cosa, como se dice en lenguaje popular, de picar piedra. De insistir en su combate. Nadie nace con el hábito de fumar. Nadie es impermeable a la educación. Y nadie tiene que morir por aspirar humo.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 8 de julio de 2008
SALUD Y SOCIEDAD
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Abuelos y abuelas
Durante toda la historia de la humanidad, la mortalidad tuvo como causa principal las enfermedades infecciosas, las que adquirían de tiempo en tiempo la forma de terroríficas epidemias. Pero diversos avances en el conocimiento de la higiene, la aparición de la vacuna contra la viruela en el siglo XVIII y el descubrimiento de los antibióticos en la segunda mitad del siglo XX hicieron que, poco a poco pero sin freno, empezaran a cambiar las causas de mortalidad y a producir el hoy evidente envejecimiento de la población. Hoy, en efecto, la mortalidad está caracterizada por las enfermedades crónico degenerativas típicas de la población en edad avanzada.
En términos estadísticos, es bien conocido que la esperanza de vida ha llegado ya a los ochenta años. Es el caso de Japón y de España y otros países europeos. Pero son muchas las naciones que se acercan a esa cifra. En Cuba, por ejemplo, la esperanza de vida es ya de 78 años. En Estados Unidos, de un año menos. Y en México ronda los 75.
De modo que cada día habrá más ancianos. En México, según las más recientes estimaciones, no tardará mucho la población anciana en ser una quinta parte de la sociedad. Y si bien se dice que se trata de un segmento poblacional que constituye una carga familiar y social, la verdad que ese lugar común se encuentra muy lejos de la realidad.
Para empezar, debe decirse que suman millones los ancianos que realizan labores de inmensa trascendencia social. Es el caso del cuidado y la educación inicial de los nietos. Basta acercarse a la puerta de una guardería o de un jardín de niños o escuela primaria para darse cuenta de la enorme cantidad de abuelos y abuelas que esperan a los chiquillos.
¿No son acaso las abuelas quienes posibilitan por esta vía que millones de mujeres puedan trabajar en fábricas, oficinas, escuelas, hospitales? ¿Y no son las abuelas las encargadas del trabajo doméstico frente a la ausencia de las hijas que trabajan? Y este papel no se circunscribe a los primeros años de vida de los nietos. Suele prolongarse hasta la llegada de éstos a la adolescencia.
Estos hechos constatables por cualquier observador atento nos hablan de una ancianidad productiva y útil. Y que se prolonga por varios años después de la llegada oficial del individuo a la senectud.
Ésta, como se sabe, comienza convencionalmente a los 65 años. Es la edad internacional de la jubilación. Y entre este momento y el comienzo de la pérdida de autonomía del individuo, que empieza a presentarse hacia los 75 años, media, en consecuencia, una década. Diez años, al menos, de vida útil, productiva y necesaria.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 1 de julio de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Trece horas diarias
Allá por el lejano 1982, hace ya 26 años, empezaron a ponerse en práctica en México ciertas medidas económicas que eran y son conocidas con el nombre de neoliberales. Las más generales y conocidas de éstas son la privatización de las empresas públicas (estatales y paraestatales) y la apertura de las fronteras, lo que significa la importación de productos sin el pago de impuestos.
Pero estas políticas económicas tenían ya una larga historia en otros países. Digamos, por ejemplo, que Europa empezó este camino antes que México. Y también antes que la nación azteca, el Viejo Mundo puso en práctica un acuerdo comercial más o menos semejante al tristemente célebre tratado de libre comercio entre Canadá, EU y México. Allá se llamó Mercomún Europeo.
Luego se dio un paso más. Los países europeos, con algunas excepciones, adoptaron una moneda única: el euro. Y si bien en México el tema de una moneda única de Canadá, EU y México aún no está en la agenda nacional, puede decirse que ya ha sido planteado, todavía con cierta timidez, por algunas personas e instituciones de pensamiento conservador o neoliberal.
Con los ejemplos anteriores, quizá quede claro que aquello que hace el neoliberalismo en Europa comienza a practicarse en México un poco más tarde. Y entre esas medidas se encuentra el aumento de la jornada laboral legal. En este sentido es bueno saber que la Unión Europea acaba de emitir una recomendación a los países miembros para que cada uno de ellos ajuste su legislación nacional, a efecto de que adquiera carácter legal la semana laboral de 60 horas.
Aunque cueste trabajo creerlo, la Unión Europea, cuyo origen fue el mercomún europeo, pretende que los trabajadores del Viejo Mundo trabajen a la semana sesenta y cinco horas, en vez de las 40 que laboran hasta ahora. Trece horas diarias por cinco días, en lugar de las ocho horas diarias, también por cinco días, de la actualidad.
Sabiendo que aquello que hace el neoliberalismo en Europa empieza a practicarse un poco más tarde en México, cabe prever que muy pronto comenzará en los medios de comunicación de nuestro país una campaña masiva y falaz para convencer a la población de la conveniencia y necesidad de aumentar hasta 65 horas a la semana la jornada laboral.
Hasta el desgraciado sexenio zedillista todo les había salido bien a los neoliberales. Con Fox empezaron a encontrar resistencia. Y gracias a esa resistencia, hasta ahora no han podido privatizar Pemex.
Queda claro así que la resistencia es el único camino para impedir que muy pronto los neoliberales logren instaurar la semana laboral de 13 horas diarias.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 24 de junio de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Pensión de vejez
Fruto directo del aumento en la esperanza de vida, hoy día uno de cada 12 mexicanos es mayor de 65 años. Pero en tan sólo tres décadas, esa proporción será de uno por cada cinco. Esto significa que dentro de 30 años, el 20 por ciento de la sociedad mexicana será anciana.
Este hecho, desde luego, es maravilloso. No hay, quizá, nada más triste que la muerte de una persona en edad temprana. Y máxime si se trata de niños. Y tan acostumbrados estamos ya al fin de la existencia en edades avanzadas, que mucho nos sorprende e impresiona enterarnos del fallecimiento de algún amigo, conocido o figura pública a edades, digamos la cincuentena, que no dudamos en calificar de relativa juventud.
Pero la vejez tiene también su lado menos grato. Es la etapa de la vida en que se presenta una serie de limitaciones e insuficiencias físicas y mentales. Es la edad, después de la primera infancia, en que se hacen más necesarios y frecuentes los servicios de salud: médicos, enfermeras, hospitales, medicinas.
Y la senectud es, además, la etapa existencial en que escasean, a veces hasta hacerse nulas, las capacidades productivas del ser humano. Este hecho imposibilita que el viejo pueda, como se dice popularmente, ganarse el pan de cada día.
Los ahorros, una pensión de retiro o las propiedades adquiridas a lo largo de la vida pueden paliar la incapacidad del anciano para obtener los recursos económicos que le permitan mantener las condiciones de vida a la que estuvo acostumbrado por años y acaso por décadas. La carencia de esos ahorros o propiedades son una condena al deterioro económico. O, por decirlo mejor, a la creciente pobreza del anciano.
Frente a esa situación de carencia de recursos, la carga de la manutención del anciano recae en la familia. Pero no siempre existe ésta. Y no siempre, si los hay, los hijos u otros parientes pueden o quieren asumir la pesada tarea. Es por ello que cada día se hace más evidente la necesidad de dotar a la población anciana de una pensión que le permita una vida digna.
Con ciertas insuficiencias y en un monto todavía pequeño, la pensión universal para la senectud es ya una realidad en el Distrito Federal. Y si bien al principio de su aplicación generó ciertas censuras en las filas del pensamiento conservador, puede decirse que hoy la pensión para los ancianos cuenta con el más amplio consenso social.
Quizá la tarea inmediata sea ahora extender la medida al resto del país. Y, en el DF, hacer compatible la pensión de vejez con la edad en la que oficialmente comienza la senectud. Digamos a los 65 años y no a los 70 como es hasta ahora.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 17 de junio de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Incomodidad
Hoy día existe abundantísima evidencia científica del daño físico que el tabaco produce en la salud de quien lo fuma. Pero también existe universal evidencia empírica sobre los efectos desagradables que en la persona del fumador produce el hábito de fumar: pigmentación de los dientes, aliento fétido, tos (la llamada tos de fumador), dedos también pigmentados, hedor picante y generalmente nauseabundo en las ropas, el cuerpo y el cabello.
Todo esto es bien sabido. Y el fumador lo sabe. Y, como sigue fumando, parece que le importa poco. O nada. Digamos que el fumador está consciente de estos hechos y decide desestimarlos. Y hay que decir que la ley está de su lado si decide libremente fumar (o seguir fumando). Y no cualquier ley secundaria o terciaria. Lo ampara la mismísima Ley Fundamental, también llamada Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Por eso nadie en su sano juicio ha propuesto prohibir la producción, el comercio y el consumo de tabaco. Eso de prohibir ya se hizo alguna vez en Estados Unidos con respecto al alcohol. Y el fracaso y la secuela criminal de aquella legislación se han convertido en paradigmas de lo que no se debe hacer.
Y una prueba actual de que tales prohibiciones no conducen a la eliminación de la demanda (y tampoco de la oferta) es el caso de las llamadas drogas duras, como marihuana, cocaína, heroína y morfina, y otras denominadas artificiales, de laboratorio o no naturales, como el crack, el kristal y algunas más. Y son prueba igualmente de que un efecto indirecto es la aparición de un poderoso aparato criminal capaz de poner en jaque y corromper desde policías de crucero hasta a gobiernos nacionales.
De modo que prohibir el tabaco y sancionar penalmente su producción, comercio y consumo sería reeditar el error histórico cometido con el alcohol, y repetir igualmente, el error actual que implica la prohibición de las drogas distintas al alcohol y al tabaco.
En el caso del tabaco, en consecuencia, parece no quedar más camino que hacerle incómoda al fumador la realización del acto de fumar. Esta incomodidad ha tomado la vía universal de prohibir el acto de fumar en establecimientos públicos, con el sólido argumento de evitar la inhalación del humo del tabaco a quien no quiere hacerlo.
La medida, desde luego, tiene detractores, pero es absolutamente legal. Más aún: es absolutamente constitucional. Y lo que, en última instancia, es mucho más importante: posee el más amplio consenso social. Y tan lo comprenden así los fumadores, que no osan arriesgarse al reclamo social fumándose un cigarrito, por ejemplo, en un cine o en un restaurante.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 10 de junio de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Inflación
A fin de frenar la reciente y sostenida alza en los precios de muchos alimentos, el gobierno federal anunció la apertura total de las fronteras para que sin pagar impuestos entren al país productos agropecuarios, lo que al hacer crecer la oferta deberá contribuir a la baja de esos precios hoy inflados.
¿Pero de dónde saldrán los productos que se van a importar? Pues de aquellos países que poseen excedentes de maíz, arroz, frijol, leche, carne y huevo, entre otras mercancías. México cubrirá su déficit con el superávit de otras naciones. Esto, en buen romance, significa que mundialmente no hay escasez de alimentos.
Y significa que la supuesta escasez y la ola inflacionaria consecuente sólo afecta a países y regiones que no producen suficientes alimentos para su propio consumo. Y que, además, carecen de recursos para pagar importaciones alimentarias.
Mas no debería olvidarse lo fundamental: que importar y exportar son actos de comercio. Y contra la escasez y la carestía el comercio sólo es solución coyuntural. El único camino de fondo es aumentar la producción nacional. Y la medida de fronteras abiertas anunciada por Calderón no aumenta la producción nacional. Simplemente cubre un déficit que no tendría por qué existir, pues México puede producir alimentos para su propio consumo y hasta para exportar, tal como lo hizo a lo largo de décadas.
Pero me temo que la ola inflacionaria que estamos viviendo no se circunscribe a la comida. Y si bien todavía no tengo datos duros, creo que el aumento de precios ya es generalizado en México. Que el país está volviendo al pasado de tasas inflacionarias muy superiores al 4 o 5 por ciento que hasta ahora reconocen el Banco de México y la Secretaría de Hacienda.
Si esto es así, quiere decir que el gobierno de Calderón ha perdido el control de la economía. Igual que pasó en los últimos treinta años, desde Echeverría hasta Zedillo.
Sólo que ahora esta pérdida de control de la economía habrá de sumarse a los otros graves y crecientes problemas que enfrenta el gobierno y que antes no existían: narcotráfico desbordado, violencia criminal incontrolable, legitimidad cuestionada, inexperiencia política, repatriación de centenas de miles de emigrantes indocumentados, desempleo masivo y agricultura e industria en ruinas.
El panorama, como se puede observar fácilmente, no es halagüeño. Las alzas de precios que ya se observan en todas las ramas de la economía y el contexto en que se dan son mala señal. Y si bien hasta ahora el gobierno ha logrado esconder la inflación, ésta no tardará en hacerse dolorosamente visible hasta en las cifras oficiales.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 3 de junio de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Intimidación
Con cierta recurrencia fácilmente comprobable, los centros de poder del imperialismo (Washington, Londres, Berlín, París, Tokio) ponen en práctica un programa de terror informativo o mediático con el fin de mantener permanentemente asustada a la población mundial. No sólo a los habitantes del llamado tercer mundo, es decir, los países pobres, sino incluso a las poblaciones que habitan esos centros de poder económico universal.
Quién no recuerda la campaña aquella, en el año 2002, para meternos miedo con una improbable epidemia universal y mortífera de una enfermedad llamada SARS, siglas de Síndrome Agudo Respiratorio Severo, patología que sólo alcanzó algo más de tres mil casos en todo el mundo, con menos de 200 fallecidos. Y resulta que hoy, en 2008, sólo las personas memoriosas y los especialistas recuerdan el asunto y el miedo universal que, injustificadamente, provocó.
Un poco antes, en 1997, la política de terror se centró en la posibilidad de una nueva epidemia, esta vez una gripe aviar. En los medios de comunicación acríticos o amarillistas se decía que tal epidemia podía ser tan mortífera como aquella otra gripe aviar, llamada influenza española, que a principios del siglo veinte se llevó a la tumba a más de 50 millones de personas.
Pero hoy se sabe que la supuesta gran epidemia de 1997 de gripe aviar entre humanos nuca tuvo lugar. Y que los casos de infección y muerte de humanos no supusieron cifras significativas.
Más recientemente, la política de asustar a la población planetaria tomó la forma de la amenaza del inminente agotamiento del petróleo. Pero no se vio a ningún gobierno de los países ricos, grandes consumidores de petróleo, poner en marcha programas de ahorro energético, lo que sería la primera medida racional en caso de un verdadero agotamiento petrolífero.
Y ahora, en las últimas semanas, esa política de intimidación ha tomado la forma de amenaza de una inminente hambruna por aguda escasez de alimentos. Pero contra esa malévola información, se sabe que hoy en día y desde hace muchos años, la oferta de alimentos supera con creces a la demanda.
Es perversamente deliberado identificar la súbita alza en los precios de alimentos que se ha presentado en varios países con la posibilidad de una hambruna universal.
Porque más allá de las razones económicas reales de esta súbita ola inflacionaria, y más allá del componente especulativo que esencialmente la explica, lo cierto es que ahora mismo la oferta universal de alimentos supera a la demanda. O, dicho claramente, nada más lejos de la realidad que la posibilidad de una hambruna mundial. Puro terror mediático.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 27 de mayo de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
La demanda
Todos los días, los medios de comunicación llenan sus espacios con noticias sobre grandes decomisos de droga. Todos los días, esos medios dan cuenta de la detención, por la policía o el ejército, de importantes capos del narcotráfico. Y todos los días, esos mismos medios nos informan del desmembramiento de poderosas pandillas dedicadas al tráfico de estupefacientes.
Puede ser que esas informaciones se correspondan con la realidad. ¿Cómo vamos a saberlo? Podrían ser informaciones verdaderas. Pero también podrían ser falsas o exageradas. Es bien conocida la afición de ciertos gobernantes y medios de comunicación a producir informaciones inexactas, cuando no simplemente inventadas.
Pero suponiendo que las cifras de arrestos de delincuentes y de decomisos de droga fueran verdaderas, esto no es lo más importante. Lo central es conocer la magnitud y el comportamiento del consumo de drogas.
Decomisar diez toneladas de marihuana en un mes puede parecer mucho. Pero parece muy poco si se sabe que el consumo de yerba en ese mismo mes es de mil toneladas, de modo que ese decomiso de diez toneladas representa sólo el uno por ciento del consumo de la cannabis.
Las cifras anteriores son, por supuesto, arbitrarias. Un sencillo ejemplo numérico que sirve para plantear el problema. Pero como se trata de un producto prohibido por la ley, nadie conoce ni aproximadamente las cifras reales de producción y consumo de narcóticos. Es lo que se conoce en la ciencia económica como zona negra o mercado subterráneo.
Pero que no conozcamos las cifras no significa que no estemos siendo testigos del desaforado crecimiento del consumo de drogas.
Aquí está, en síntesis, el problema: a pesar de la violenta, costosa, sangrienta y mortífera lucha policíaca, judicial y militar contra el narcotráfico, el consumo, es decir la demanda, sigue al alza. Esta es, como le consta al lector, una verdad indiscutible.
¿No sería mejor tratar el asunto de las drogas llamadas duras cual se trata el de otros estupefacientes, como el alcohol y el tabaco? Porque debemos reconocer que la producción y el mercadeo de drogas crecen en razón de que existe y crece una demanda de drogas.
Como en el caso del tabaco y del alcohol, lo central debe ser combatir la demanda, no la producción y el comercio. Combatir la demanda significa aleccionar a los consumidores sobre el daño personal, familiar, laboral y social de ese consumo, así como ayudarlos a abandonar la adicción.
Habrá quien diga que esta vía es tan inútil como la persecución policíaca. Puede ser. Pero tiene la ventaja de que no es sangrienta, no es violenta y no es mortífera.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 20 de mayo de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Cómplices
Hace unos días, el lunes 28 de abril, mi compañera de toda la vida y yo fuimos al mercado del barrio en que vivimos hace más de treinta años. Y como teníamos la idea de preparar para la comida una tortilla española de huevo y papa, compramos un kilogramo del sabroso tubérculo. Pagamos por ese kilo diez pesos.
Supongo que si hubiéramos ido a la central de abasto, con toda seguridad habríamos pagado por el kilito de patatas (como dicen los españoles) bastante menos de diez pesos. Ocho o siete, quizás.
Pero una semana después alguien sugirió para la comida pollo rostizado. O, dicho en buen español, pollo asado al pastor. Mi compañera, la Chinita, fiel a la añeja costumbre, tuvo a bien comprar las tradicionales papas en hojuelas. No había más que papitas fritas de marca. Y adquirimos una bolsa grande de 170 gramos por 23.50 pesos.
Casi sin saber por qué, empecé a hacer comparaciones entre el precio de las papas crudas en el mercado de la colonia y el precio de las fritas de bolsita. Y pude constatar que frente a los diez pesos del kilo de papas crudas, el de bolsita, de cualquier marca, cuesta 138 pesos. Trece veces más. Una diferencia de precios de 1380 por ciento. ¡Mil trescientos ochenta por ciento!
Y ocurre, como le consta a cualquiera, que es muy grande la demanda de papitas fritas de bolsa. Y quien dice alta demanda, dice alto consumo. Y quien dice alto consumo está diciendo que existen millones de personas con ingresos suficientes para comprar un alimento con un sobreprecio de más de mil por ciento.
Pero el enorme sobreprecio que paga el consumidor por ese kilo de papas (138 pesos) parece abismal cuando se sabe que el salario mínimo en México es de sólo (más o menos) cincuenta pesos. De modo que para adquirir un kilo de papas fritas de bolsa son necesarios casi tres días (2.76) de faena de un trabajador de salario mínimo.
Y si el amable lector coincide conmigo en que un sueldo más o menos normal de un empleado de oficina o de comercio es de alrededor de 4 mil pesos mensuales, ello quiere decir que gana por día 133 pesos. De modo que un día de salario no le alcanza para comprar ese kilo de papas fritas (138 contra 133).
Así que no entiendo cómo alguien puede quejarse de la carestía del arroz, del huevo, del frijol, de la leche o de la carne, y no repara y no se queja del bárbaro precio de un producto de enorme consumo popular. Algo, sin duda, anda mal en la economía nacional y mundial.
Y algo anda muy mal, sin duda, en nuestras propias cabezas. Algo que nos impide darnos cuenta del abuso del que somos víctimas. Y lo que es peor: un abuso del que somos gozosos cómplices.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 13 de abril de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Regla fundamental
En su afán por privatizar Pemex, no hace mucho los voceros del pripanismo nos dijeron que una de las razones para entregar el petróleo al capital privado era la inminente escasez del hidrocarburo. Sólo queda aceite –afirmaban– para nueve o diez años.
Luego, ante lo burdo de la mentira, la secretaria de Energía, Georgina Kessel, elevó la cifra para hacernos saber que México tiene petróleo para 40 años. Un error entre ambos guarismos de 300 por ciento.
Pero tomando como referencia cualquiera de esos números, una cosa es muy clara. Frente a la posible escasez de un producto, lo primero y urgente es reducir su consumo. Y a esta regla económica fundamental no escapa el oro negro.
De modo que para enfrentar la supuesta escasez del hidrocarburo, antes de pensar en producir cualquier agrocombustible; antes de pensar en entregar la renta petrolera al capital privado; y antes de pensar en el desarrollo de fuentes alternativas energéticas, lo primero sería reducir el consumo de petróleo, sobre todo en el terreno en que esto es más fácil y conocido: en el campo de la producción de energía eléctrica con base en la quema de petróleo.
Hoy se sabe, por experiencia nacional e internacional, que la sustitución completa de focos o bombillas incandescentes por lámparas fluorescentes puede reducir el consumo de petróleo al menos en un 50 por ciento.
¿No cree el amable lector que ante la emergencia energética que pinta el pripanismo, el gobierno debería estar dedicado a la tarea de sustituir en todo el país los millones de focos incandescentes en uso por lámparas ahorradoras de energía?
Esta sencilla medida permitiría doblar el tiempo de duración del petróleo. De diez a veinte años. O de cuarenta a ochenta, según la cifra gubernamental escogida. Y si hubiera, como es perfectamente factible, petróleo para cien años, la referida acción nos daría la posibilidad de tener petróleo para los próximos dos siglos.
¿Para qué, entonces, buscar con tan desenfrenada urgencia petróleo en aguas profundas? Es mucho más barato, sencillo y factible cambiar bombillas gastalonas por focos ahorradores. ¿O ni eso puede hacer pronto y bien el gobierno de Calderón?
Millones de mexicanos sospechan que la búsqueda del hidrocarburo en aguas profundas como remedio para la supuesta escasez inminente es sólo un pretexto para hacer un negocio parecido al de la privatización de los teléfonos, los bancos, las carreteras, las aerolíneas, las siderúrgicas y las pensiones.
¿Alguien ha visto a los pripanistas plantear siquiera la necesidad del ahorro energético ante la supuesta próxima escasez? ¿Por qué será? ¡Ah, malandrines!
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 6 de mayo de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Menos que un cacahuate
A Flavio Sosa, uno de los más importantes dirigentes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (la APPO), se le acusó de un montón de graves delitos. Tan graves, que las autoridades judiciales estimaron necesario internarlo en el penal de máxima seguridad de Almoloya. De modo que le dieron el trato judicial y penitenciario que se aplica, por ejemplo, a un narcotraficante, a un plagiario, a un asesino múltiple.
Mas ahora, de pronto, resulta que los funcionarios judiciales que estimaron necesario ese internamiento propio de torvos delincuentes y no de un luchador social que actúa a la luz pública, han llegado a la conclusión de que Flavio Sosa es inocente de todos esos graves delitos de los que fue acusado por el Ministerio Público Federal (la PGR) y por el Ministerio Público de Oaxaca (la Procuraduría de Justicia de esa entidad).
Son muchas y muy autorizadas las voces que afirman que Flavio Sosa fue acusado falsamente a fin de romperle el espinazo a la APPO. Encarcelar al líder para extinguir al movimiento. Algo así como “muerto el perro, se acabó la rabia”.
Si este fue el caso, y yo personalmente estoy convencido de ello, es evidente que la PGR y la Procuraduría oaxaqueña actuaron con criterio político y no jurídico. Que torcieron la ley para meter en prisión a un adversario político. Que los funcionarios de ambas procuradurías y los jueces que decidieron enviar a Flavio Sosa al penal de Almoloya torcieron la ley, envilecieron su función y son culpables de graves delitos.
Pero son también muchas las autorizadas voces que sostienen que Flavio Sosa ha sido liberado no porque sea inocente de los delitos que en su momento se le atribuyeron, sino que su liberación obedece a un acuerdo político entre las citadas procuradurías y los jueces que conocieron del caso con fuerzas políticas y sociales oaxaqueñas afines al líder excarcelado.
En cualquiera de ambos casos es claro que las autoridades ministeriales y judiciales han violado la ley. En el primer caso, por haber acusado falsamente y haber encarcelado a un inocente. Y en el segundo caso, por dejar libre sin castigo a una persona que ha cometido diversos delitos.
Nada hay, sin embargo, de qué extrañarse. En México (como en el resto del mundo) la ley es, siempre, una moneda de cambio. Se cambia por dinero o se trueca por consigna política.
Alegrémonos de la liberación de Flavio Sosa quienes creímos y creemos en su inocencia. Laméntenla quienes pensaron y piensan que se ha liberado sin castigo a un delincuente. Pero reconozcamos todos que en México la ley vale, hoy como siempre, mucho menos que un cacahuate.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 29 de abril de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Exclusividad
Todo mexicano que ha pasado por la escuela primaria sabe que el librito llamado Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es la Ley Fundamental de México. Por eso, además de estos dos nombres, recibe otros igualmente esclarecedores: Ley Suprema, Ley de Leyes y Carta Magna.
Y casi todo mexicano sabe, igualmente, que ninguna otra norma jurídica puede contradecir lo que señala la Carta Magna. Ni leyes expedidas por el Congreso de la Unión, ni decretos emitidos por el Poder Ejecutivo ni, mucho menos, otras normas como son los reglamentos o las leyes expedidas por los estados y municipios de la Federación. En consecuencia, toda norma jurídica que contradiga a la Ley Fundamental será ilegal y nula.
Por esta razón será ilegal y nula cualquier ley que permita la participación, en cualquier grado y circunstancias, del capital privado en la explotación del petróleo y demás hidrocarburos. Y será ilegal y nula, aunque la expida el Congreso de la Unión.
Y será ilegal y nula, aunque, en cierto momento, la llamada Suprema Corte de Justicia de la Nación pudiera decir que es legal y válida. Y será ilegal y nula, porque ni siquiera la Corte puede contradecir o ignorar el texto constitucional, texto que está al alcance de cualquier persona que sepa leer y escribir. Y aquí está ese texto:
Artículo 25 (cuarto párrafo): “El sector público tendrá a su cargo, de manera exclusiva, las áreas estratégicas que se señalan en el artículo 28, párrafo cuarto, de la Constitución, manteniendo siempre el Gobierno Federal la propiedad y el control sobre los organismos que en su caso se establezcan”.
Y de acuerdo con el artículo 28, las áreas estratégicas son “correos, telégrafos y radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear y electricidad”.
De modo que constitucionalmente, el petróleo y la electricidad son áreas estratégicas cuya explotación corresponde exclusivamente al gobierno federal, es decir, al sector público. Y nunca y de ninguna manera al sector privado. Y ni siquiera al sector social: cooperativas, sindicatos, ejidos, etc.
Todo esto significa que ni siquiera el más amplio de los debates puede justificar la violación de la Ley Fundamental. Nada ni nadie está sobre la letra de la Constitución. Ni el más universal de los debates ni diputados y senadores del partido que fuere.
Y cualquier empresa nacional o extranjera que, como ya pasa en la generación de electricidad, participe en la explotación petrolera estará fuera de la ley y en riesgo permanente de perder sus inversiones y ser penalmente sancionada.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 22 de abril de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Costo político
Felipe Calderón no quiere enviar al Congreso la iniciativa de reforma energética porque no está dispuesto a pagar el costo político de la privatización de Pemex. Los diputados y senadores panistas dicen, aunque no es verdad, que ellos si la enviarán, porque se encuentran dispuestos a pagar el costo político de tal medida.
Pero ¿cuál es ese costo político? Se trata, esencialmente, de un costo político-electoral. Calderón y su partido saben que privatizar Pemex representará la pérdida de votos en las elecciones federales intermedias de 2009, así como en muchos comicios locales en los que estarán en juego gubernaturas, congresos estatales y muchos importantes municipios.
Pero esa probable caída en la votación panista sería mucho más grave en el caso de la elección de diputados federales en 2009. Tanto para Calderón como para el PAN significaría perder mucha fuerza y presencia en la Cámara Baja, lo que de ahí en adelante dificultaría aún más las tareas de gobierno del michoacano.
De modo que tanto Felipe como los panistas entienden que si privatizan Pemex pueden sufrir un severo castigo electoral. Ser víctimas de lo que se llama popularmente “voto de castigo”. Esto quiere decir que comprenden perfectamente que su empeño en vender y extranjerizar la riqueza petrolera mexicana no es aprobada ni por los votantes tradicionales del PAN, esos que votarían por otro partido o se abstendrían en caso de consumarse la entrega de Pemex a manos privadas nacionales y extranjeras.
Dicho de otro modo, Calderón y su partido saben que en su afán por privatizar el petróleo nacional están actuando contra el sentir y el pensar de la inmensa mayoría de la población.
Hay sin embargo otros costos políticos. Sobre todo para el michoacano. Uno de éstos sería el uso de la represión contra el movimiento civil que se opone a la venta de Pemex. Con toda seguridad, Calderón preferiría no pasar a la historia como otro Gustavo Díaz Ordaz. A nadir le gusta que lo califiquen como verdugo de su propio pueblo.
Y si en cierto momento el asunto se sale de control, sobre todo con el bisoño y desprestigiado jefe del gabinete, podría correr la sangre y haber muertos por la represión policiaca y quizás hasta militar.
En otras circunstancias, el voto de castigo sería un costo indigno de consideración. El IFE se encargaría de minimizar e incluso desaparecer ese voto de castigo. Hay ya mucha experiencia en materia de fraude electoral. Del clásico y del cibernético.
El verdaderamente grave costo político es el de la sangre corriendo y las cárceles llenas. Este es el precio que se resisten a pagar Calderón y el PAN.
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Martes 15 de abril de 2008
ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL ÁNGEL FERRER
Anticoncepción y aborto
Allá por 1973, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos estableció, en su artículo 4°, que “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos” |