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Valiosa posesión

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

La escena es bastante conocida, pues el cine se ha encargado de hacerla inmensamente popular: una madre joven que llevando un niño en brazos busca desesperadamente un médico que cure al pequeño enfermo.

 

Recibe el galeno a madre e infante. Coloca a éste en la mesa de exploración y empieza a auscultarlo. Hay fiebre y aceleración del ritmo cardiaco. Las manos del  médico encuentran en la piel signos de deshidratación. La joven señora informa de vómitos y diarrea constantes.

 

El científico prescribe antipiréticos para controlar el estado febril, rehidratación oral o por vía intravenosa y, ¡oh, maravilla!, un antibiótico que matará al germen productor de la dolencia.

 

Presurosa, la joven madre surte la receta y aplica los medicamentos. Unas cuantas horas después el niño deja atrás el estado casi exánime y recobra la salud.

 

Médico y madre tienen, acaso sin saberlo, un denominador común que los une en el esfuerzo por salvar la vida del niño: ambos poseen pensamiento científico. El facultativo está consciente de ello; la joven mujer quizá no. Pero es claro que sin esa preciosa posesión la madre no hubiese acudido al médico y, con toda seguridad, el niño habría muerto entre sus brazos.

 

A esa valiosa posesión que llamamos pensamiento científico podría igualmente nombrársele cultura científica. No importa el nombre que demos a ese saber informal, a veces inconsciente, que conduce a una persona, incluso a las más iletradas, a buscar el alivio seguro a sus dolencias de las manos y los conocimientos de un médico.

 

Ese pensamiento científico o cultura científica no ha nacido espontáneamente. Es fruto de la experiencia. Se trata de una joven adquisición de la especie humana. No más de 150 años. Apenas siglo y medio. Digamos seis generaciones. De Luis Pasteur para acá.

 

En sólo seis generaciones, la sociedad hizo suyo y para siempre el pensamiento científico, sin duda la mayor conquista de la humanidad.

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 24 de julio de 2010  

Tres taquitos al pastor

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El invento-descubrimiento de la agricultura puede ser datado en diez mil años de antigüedad. Ésta también debe ser, más o menos, la antigüedad del maíz mesoamericano. Y sólo de un poco menos, digamos ocho mil años, la del cultivo del frijol.

 

Pero maíz y frijol silvestres, es decir, no cultivados, debieron ser la alimentación básica del hombre americano desde su aparición en estas tierras de Anáhuac hace veintidós mil años. Y lo que se dice para el maíz y el frijol puede afirmarse para el chile y la papa.

 

La combinación de estos cuatro productos siempre ha sido fuente de nutrición y energía. Y ha sido, desde siempre, la base de la alimentación del pueblo mexicano.

 

Maíz, frijol y papa son, por si alguien lo ha olvidado, alimentos ricos en carbohidratos. Y, sin embargo, la obesidad nunca fue un problema en Mesoamérica.

 

Es cierto, desde luego, que aquella base de la alimentación mexicana fue ampliada y enriquecida con la llegada de los conquistadores españoles. Pero ese cambio cualitativo tampoco generó las legiones de gordos que hoy y desde hace más o menos cincuenta años empezaron a poblar estas tierras.

 

Curiosamente, la aparición de la obesidad generalizada coincide, en México y en el planeta, con la enorme oferta alimentaria característica de los últimos sesenta años.

 

Estos datos permiten pensar que el problema de sobrepeso y obesidad no es tanto una cuestión de calidad de la comida como de la cantidad ingerida. Nadie engorda por comerse tres taquitos al pastor. Pero la cosa cambia radicalmente si en lugar de tres son ocho o diez o veinte, consumo bastante común de miles y miles de mexicanos.

 

No hay gordo, pues, que sea inocente. Pero el gordo no nace, se hace. Y la fabricación de gordos empieza, sobre todo en el caso de los niños, con las raciones abundantes o excesivas.

 

En la cantidad y no en la calidad de los alimentos está la raíz de sobrepeso y obesidad. Y en la simple disminución de las raciones puede estar la solución del problema. 

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx   Sábado 10 de julio de 2010       

Antídotos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Errar –dice la sentencia clásica– es de humanos. Y la frase es tan sabia, conocida y utilizada, que hasta se repite en latín: errare humanum est. Pero los errores no son una fatalidad: se pueden evitar. Es cosa de emplear bien los antídotos contra el yerro, la falla, la equivocación.

 

Esos antídotos son muchos y bien conocidos: la precaución, el cuidado, la experiencia, el estudio, la reflexión, la diligencia, la planeación, la pericia, la abstinencia alcohólica. Un médico, por ejemplo, no está exento de cometer errores. Pero un galeno bien preparado, con experiencia y practicante de aquellos antídotos, se encuentra en condiciones de incurrir en menos yerros que un médico insuficientemente calificado u olvidadizo de la necesidad de las citadas salvaguardas. Por eso la profesión médica es tan exigente y celosa con sus practicantes.

 

Pero es tan complejo el campo de la medicina, que hasta el galeno mejor preparado y más experimentado puede errar en el diagnóstico o en el tratamiento de una enfermedad. Puede, verbigracia, recetar un medicamento equivocado. O hacerlo en dosis insuficientes o excesivas. Y puede darse el caso, incluso, de que la intervención del galeno no sólo no cure, sino que produzca un daño en la salud del paciente.

 

A este fenómeno se le conoce en la ciencia médica con el nombre de iatrogenia. Y la etimología del vocablo explica plenamente su significado. Iatrogenia proviene del griego iatros, que quiere decir médico, y genes, que significa origen: enfermedad causada por la intervención del médico. O, por extensión, del medicamento.

 

Es claro, sin embargo que es muy pequeña, casi infinitesimal, la proporción de casos de iatrogenia en el universo de la medicina científica. Pero en los últimos años se ha hecho presente con inusitado vigor un riesgo considerable de iatrogenia.

 

Este riesgo se encuentra representado por el auge de las llamadas medicinas alternativas, un conjunto, en el mejor de los casos, de saberes empíricos, sin sustento científico, que pueden causar, y causan a sus creyentes, más daños que alivios. 

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 26 de junio de 2010

Angelitos negros

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El 19 de noviembre de 1948 fue estrenada en la ciudad de México la película “Angelitos negros”. Exitosa desde el primer momento, hoy es un filme de culto. Escrita y dirigida por Joselito Rodríguez, llevaba como estrella principal al ídolo Pedro Infante. El tema musical de la cinta es la canción “Angelitos negros”.

 

Todo esto es muy conocido. Pero lo que se conoce menos es que tanto el filme como la canción tema están inspiradas en un célebre poema del escritor, poeta, patriota y revolucionario venezolano Andrés Eloy Blanco, nacido en 1897, y muerto, en un desgraciado accidente automovilístico, en la ciudad de México en 1955.

 

El poeta, un verdadero revolucionario, dice al principio de la obra en bellos octosílabos: 

 
Se me murió mi negrito;

Dios lo tendría dispuesto;

ya lo tendrá colocao

como angelito del cielo.

 

Desengáñese, comadre,

que no hay angelitos negros.

 

Ante el dolor por la pérdida del hijito amado, a la negra Juana, madre del negrito muerto, le sirve de consuelo pensarlo “como angelito del cielo”. Y es que quizá no haya dolor más grande que la muerte de un niño, tragedia que no hace mucho tiempo todavía alcanzaba cifras espeluznantes, y que a lo largo de los últimos ochenta años se ha venido reduciendo drásticamente.

 

En México, hacia 1930, de cada mil nacidos vivos, 180 fallecían antes de cumplir el primer año de vida, pero ya, ahora, la tasa de mortalidad infantil es de 22 por mil.

 

En Estados Unidos esta tasa es de sólo 6 por mil. Pero es de más del doble (13 por mil) entre la población afroamericana. En Brasil, nación con una significativa proporción de población negra, la mortalidad infantil general es de 31 por cada mil. Y en Cuba, donde también es muy alta la proporción de negritud, esta tasa es de sólo 5 infantes muertos por cada mil nacidos vivos, la más baja de todo el continente americano. Incluso en la isla se da repetidamente, desde hace varios años, el caso de que en algunos municipios la tasa de mortalidad infantil es de cero, es decir, que de cada mil nacidos vivos en el año, ninguno perece.

 

Todo esto quiere decir que, por fortuna, cada día hay menos candidatos a convertirse en angelitos. Ni negros ni blancos ni amarillos.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 12 de junio de 2010

Medicamento portentoso

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Hacia finales de la década de los ochenta del siglo pasado, la ciencia médica consiguió un nuevo y extraordinario éxito. Un avance comparable al descubrimiento-invención de las vacunas, de los antibióticos y de la anestesia.

 

De entonces para acá, este nuevo jalón hacia adelante del conocimiento científico ha evitado el fallecimiento de algo así como 25 millones de niños menores de un año de edad en todo el mundo. Sobre todo en el llamado Tercer Mundo o conjunto de países pobres o subdesarrollados, es decir, que fueron colonias o que son neocolonias de alguna metrópoli imperial.

 

El portentoso avance científico se llama técnica de hidratación oral (THO). Y es considerado como el mejor y más económico tratamiento médico para evitar la muerte por deshidratación de infantes con diarrea, incluso con diarrea aguda.

 

La moderna técnica de hidratación oral ha sustituido con ventajas indiscutibles al tratamiento clásico de la deshidratación por diarrea (hidratación intravenosa, administración de antibióticos y hasta hospitalización). Y no sólo en eficacia terapéutica, sino en el decisivo ámbito de los costos económicos y hospitalarios, infinitamente menores, casi insignificantes, en el caso de la técnica de hidratación oral.

 

La técnica de hidratación oral, revolucionaria en su momento, consiste en la administración por vía oral y en dosis adecuadas de una sencilla mezcla, en proporciones determinadas, de agua potable, azúcar y sales. El milagroso medicamento es conocido en México desde hace un cuarto de siglo con el nombre de “Vida suero oral”. Y en los últimos 25 años, a este medicamento portentoso le deben la vida centenas de miles de niños mexicanos, entre los cuales son inmensa mayoría infantes pobres, campesinos e indígenas.

 

El suero prodigioso ha posibilitado millones de veces en todo el planeta la casi instantánea transformación de un niño diarreico de aspecto moribundo en un crío sano, risueño y juguetón. 

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx      Sábado 29 de mayo de 2010 

La ecuación correcta

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Se sabe bien que los alimentos industrializados cuestan, por lo menos, diez veces más que los alimentos escasa o nulamente procesados. Por ejemplo: un kilogramo de papas de excelente calidad cuesta en cualquier mercado de la ciudad de México alrededor de 12 pesos, en tanto que los mismos mil gramos de papas de bolsita tienen un precio de 135 pesos.

 

Es el mismo caso de casi todos los alimentos procesados: aguas y refrescos embotellados, pastelillos, galletas, caramelos, helados, conservas, botanas y un amplio catálogo de otros artículos y golosinas. Todos esos productos que popularmente reciben el nombre de comida chatarra.

 

Y se sabe también que tales alimentos, ricos en azúcares y harinas, son responsables de la epidemia de obesidad y sobrepeso que agobia hoy a la sociedad mexicana.

 

Pero sabiendo, como sabemos, que la comida chatarra cuesta, por lo menos, diez veces más que los alimentos no industrializados, no puede atribuirse a la pobreza, es decir, a la falta de recursos económicos, la elevada demanda y el muy alto consumo de este tipo de alimentos. Dicho en otras palabras, la pobreza le impediría a la gente este tipo de ingesta alimentaria.

 

Consecuentemente, la explicación de la epidemia de obesidad y sobrepeso que tanto nos aflige no debe buscarse en la pobreza de la sociedad, sino más bien en su contrario: en la inmensa abundancia de alimentos de todo tipo que caracteriza a nuestra época.

 

Una abundancia que disfrutamos con fruición, y que ha provocado, ciertamente, distorsiones alimentarias y pésimos hábitos de consumo. Hábitos irracionales que llevan a las personas a estar dispuestas a pagar precios irracionales.

 

Y en el ámbito de lo irracional, es una absoluta irracionalidad afirmar que la pobreza le impide a la gente consumir alimentos frescos, pero no le impide el consumo de alimentos diez veces más caros. Obesidad y sobrepeso por abundancia y no por escasez alimentarias sería la ecuación correcta. Aunque nos cueste trabajo creerlo.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx      Sábado 15 de mayo de 2010

Nuevas siglas

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Todo el mundo sabe lo que significa la palabra siglas. El vocablo procede del latín sigla, que quiere decir abreviatura. Y eso precisamente son las siglas: la abreviatura de un sustantivo formado por una o más palabras mediante el uso de la primera letra de cada palabra.

 

Así, por ejemplo, la letra C es la abreviatura o sigla de la voz ciudadano; las letras SEP son la abreviatura o las siglas del sustantivo Secretaría de Educación Pública: IPN son las siglas de Instituto Politécnico Nacional; y SIDA son las siglas de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.

 

Pero las siglas no son la única forma de abreviatura de un sustantivo formado por una o más palabras. A veces se usa una abreviatura llamada acrónimo. Este se forma, un tanto arbitrariamente y según cada caso, con la combinación de las primeras letras de cada una de las palabras que forman el sustantivo.

 

Pemex, por ejemplo, es el acrónimo de Petróleos Mexicanos; Co es el acrónimo de compañero; y Banamex es el acrónimo de Banco Nacional de México. En todos los acrónimos sólo la letra inicial es mayúscula.

 

En general, las siglas se escriben con mayúsculas. Pero hay casos en que el uso muy amplio de unas siglas convierten al sustantivo original en un vocablo tan común, que éste empieza a ser escrito con minúsculas. Es el caso del sida, que siendo el nombre de una enfermedad, puede escribirse, como todas las demás, con minúsculas: tuberculosis, dengue, cáncer, reúma.

 

Todas estas siglas y acrónimos son muy conocidos. Pero a veces surgen nuevas abreviaturas. Es el caso de EPOC, siglas de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica. Este padecimiento es ahora, en la nueva centuria, una de las enfermedades más comunes de los pulmones, y se caracteriza por la dificultad del enfermo para respirar. Sin tratamiento médico, esta dificultad puede conducir al enfermo a la muerte por asfixia.

 

La principal causa de la EPOC es el hábito de fumar. De modo que la primera y más importante medida del tratamiento médico es el abandono, por difícil que sea, de ese generalizado y creciente hábito.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 1 de mayo de 2010 

Curanderos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Hipócrates fue un médico griego más o menos contemporáneo de otros sabios como Sócrates, Pericles, Platón y Aristóteles. Todos ellos vivieron alrededor de los siglos V y IV antes de nuestra era. Hace, digamos, 2,500 años.

 

A Hipócrates se le conoce universalmente como el padre de la medicina. Y es el autor del llamado juramento hipocrático, que es, en esencia, el compromiso del médico para actuar siempre en beneficio del ser humano, y nunca en su perjuicio.

 

Siete siglos después de Hipócrates entró en la escena histórica Galeno, también griego. Y tan fecundo fue su saber y su influencia en el arte de la medicina, que su nombre se utiliza como sinónimo perfecto de médico.

 

A pesar de sus inmensos saberes, Galeno e Hipócrates no podían curar la inmensa mayoría de las enfermedades que conocían y habían estudiado. La suya era una medicina esencialmente descriptiva y muy poco terapéutica. Y no podía haber sido de otro modo. La medicina era, al principio de la civilización, tan rudimentaria como el resto de las ciencias.

 

Hijos de su época, Hipócrates y Galeno desconocían la existencia de los gérmenes. Y no podían, en consecuencia, combatir la causa del flagelo que para la humanidad, desde siempre y hasta bien entrado el siglo XIX, significaron las enfermedades infecciosas. Como el paludismo, también llamado malaria, que mató a Alejandro Magno a los 33 años de edad.

 

Tan precario era entonces (y por veinticuatro siglos más) el conocimiento médico, que resulta explicable y comprensible que la gente pusiera sus esperanzas de salud en manos de magos, hechiceros y curanderos. Pero esa conducta hasta entonces entendible hoy constituye un absurdo.

 

Hace 150 años, con Luis Pasteur y su teoría germinal de las enfermedades, la ciencia médica consiguió derrotar a los gérmenes, sus más antiguos y poderosos adversarios. Pero aún no ha podido vencer completamente a ese su otro viejo y obstinado enemigo que es la ciega fe de la gente en chamanes y curanderos.   

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 17 de abril de 2010

Zoonosis

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Durante milenios, la convivencia (voluntaria o involuntaria) del ser humano con otras especies animales fue la causa de enfermedades y epidemias que produjeron millones de muertos. Un caso emblemático de esta mortal relación fue (y sigue siendo) la peste bubónica, transmitida al hombre por la mordedura de una pulga de las ratas.

 

Esa convivencia humana con las ratas era, por supuesto, involuntaria. El roedor estaba ahí, con sus pulgas, en medio de la vida cotidiana del hombre. Tan involuntaria como la coexistencia del ser humano con los mosquitos, transmisores, entre otras graves patologías, del paludismo (también llamado malaria), el dengue o la fiebre amarilla.

 

A este tipo de enfermedades fruto de la coexistencia entre hombres y animales se le llama zoonosis. Y la etimología del vocablo lo dice todo: zoon, animal, y nosos, enfermedad.

 

Una vez que la ciencia descubrió que mosquitos, moscas, pulgas, roedores y chinches eran los responsables de la transmisión de diversas patologías, el ser humano declaró una lucha sin cuartel a estos agentes transmisores, mediante campañas de erradicación que han conducido a esas dolencias a la casi extinción.

 

Pero existen convivencias entre hombres y animales que son necesarias y fruto de la voluntad humana, y que generan diversas zoonosis. Es el caso de la vida en común entre hombre y reses, cerdos, caballos, burros, mulas, borregos, ovejas. Se trata de un nexo con fines productivos de imposible extinción.

 

Hay, sin embargo, otras zoonosis que carecen de una justificación económica. Esas que producen la convivencia innecesaria del humano con perros y gatos, a título de mascotas. La rabia es el caso típico. Mas no es la única enfermedad que es transmitida al hombre por canes y felinos. Es el caso también de la tuberculosis y la brucelosis. Y de la amibiasis, la salmonelosis, la leptospirosis (tifus del perro), la sarna y el ántrax, entre muchas otras más. ¡Cuidado con las mascotas!

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx         Sábado 3 de abril de 2010  

  

Las tres demoras

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Cuando un infante de corta edad sufre diarrea y vómito, acompañados o no de fiebre, es urgente que reciba atención médica. La inmediatez de esa atención puede ser la diferencia entre la vida y la muerte del niño.

 

A veces, ciertamente, una demora en la atención no lleva al fallecimiento del crío, pero la tardanza sí es fuente, al menos potencial, de un agravamiento de la patología. (Y lo mismo puede decirse de un enfermo de cualquier edad. O de una embarazada con alguna complicación).

 

Por ello y en cualquier caso, la ciencia médica enfatiza la necesidad de combatir las demoras en la atención de los enfermos. Y éstas, en general, son de tres tipos.

 

La primera consiste en la tardanza en reconocer que hay un cuadro patológico. Molestias leves o síntomas escasos o intermitentes son factores de la demora. “Vamos a ver cómo sigue mañana” o “Si se pone más malito, lo llevamos al médico” son expresiones comunes indicativas de una probable demora.

 

Este tipo de tardanza suele deberse a la ausencia de alguien capaz de reconocer que existe el problema. Un niño no puede tomar por sí mismo la decisión de acudir con el médico. Y unos padres ignorantes o descuidados pueden estar en el origen de la demora.

 

El segundo tipo de demora suele presentarse por las dificultades para llegar al médico. Lejanía y problemas de transporte son las razones más frecuentes de este tipo de demoras.

 

Y la tercera demora en la atención del enfermo es aquella que se presenta ya en el hospital o clínica. Falta de camas o de personal, problemas de afiliación o de prepago, insuficiencia de quirófanos o de materiales, como anestesias o antibióticos, son las explicaciones más frecuentes de este tipo de demora.

 

Quizás la primera demora sea la más fácil de combatir. Porque el médico más próximo al domicilio del enfermo es la persona capacitada para reconocer que existe un problema, para darle solución in situ o para canalizar al enfermo a una instalación hospitalaria. Son los médicos de las clínicas públicas de salud (rurales o urbanas), los médicos de la familia (como se les llama en Cuba) y los médicos de barrio de las urbes mexicanas. ¡Ah, benditos héroes anónimos!

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx      Sábado 20 de marzo de 2010 

John Snow

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En 1854 hubo en la ciudad de Londres un brote de cólera que mató a más de 500 personas en diez días. Como todas las epidemias de la historia  hasta entonces, no se conocía la causa del flagelo. Pero apareció en escena un médico y científico eminente: el doctor John Snow.

 

Al doctor Snow se le ocurrió marcar con una cruz en un mapa de la capital de Inglaterra los hogares de las personas que habían fallecido de cólera durante ese brote. Y encontró que todos esos domicilios pertenecían a un solo barrio. Y encontró igualmente que el agua potable surtida a ese barrio provenía de una sección del río Támesis que, como se sabe, cruza toda la ciudad. El médico sugirió cambiar de sitio la extracción del agua. Así se hizo. Y, como por arte de magia, la epidemia desapareció.

 

La causa del mortal brote era el agua de esa sección del río que había sido contaminada con heces fecales, pues una fisura en el sistema de alcantarillado provocó una filtración de aguas negras que penetraron en la mencionada sección de la red de agua potable.

 

Por razones de tiempo histórico y de desarrollo científico, el doctor Snow no podía conocer que el cólera es producido por un microorganismo: la bacteria vibro cholerae. Ni podía saber que, como todo microbio, es destruible mediante el simple expediente de hervir el agua para beber.

 

Pero a Snow le bastó suponer que la causa del brote era fruto de la ingesta de una cierta calidad del agua. Y para atacar el efecto, le bastó, igualmente, suprimir la causa. El eminente médico aplicó el principio científico de la causalidad. 

 

Este principio filosófico sostiene que todo hecho tiene una causa que lo origina. Snow lo comprobó experimentalmente: atacó la causa y terminó el efecto.

 

Hoy se sabe que el cólera puede evitarse mediante una vacuna, y que en personas ya infectadas la cura se logra con la administración de antibióticos. Pero el principio filosófico es el mismo que utilizó Snow: atacar la causa para suprimir el efecto. 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 6 de marzo de 2010  

Al alcance de la mano

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Son muchas y muy conocidas las fotografías de Franklin Delano Roosevelt, presidente de EU de 1933 a 1945. Acaso las más famosas universalmente sean las que le fueron tomadas, en febrero de 1945, con sus homólogos británico, Winston Churchill, y soviético, José Stalin, durante la Conferencia de Yalta, en la ciudad del mismo nombre en la península de Crimea, en el mar Negro, al sur de la antigua URSS.

 

En todas esas fotos Roosevelt aparece sentado. Y también en posición sedente aparece en la oficina presidencial, en un automóvil y en alguna conferencia de prensa o cabina de radio.

 

En algunas fotos, ciertamente, aparece de pie. Son imágenes de Roosevelt niño o joven. Todas de un hombre de menos de 39 años. Y también es verdad que hay alguna foto de un Franklin, de más de 50 años, de pie en compañía de Sara, su madre. Pero en esta imagen al ya presidente de Estados Unidos se le ve recargado en una pequeña barda.

 

Roosevelt no aparecía de pie en público porque era paralítico. En 1921, a los 39 años de edad, contrajo la temible poliomielitis, enfermedad que lo dejó inmóvil de la cintura para abajo.

 

No dejarse ver en público en silla de ruedas o con los pesados arneses en las piernas que usan los poliomielíticos fue una de sus estrategias para presentarse como candidato a la presidencia de EU.

 

Por haber padecido esa parálisis, Roosevelt fue uno de los impulsores de las investigaciones que condujeron entre 1955 y 1957 a la creación de la vacuna contra la polio por los eminentes bacteriólogos Jonás Salk y Albert Sabin.

 

Gracias a la vacunación la polio casi ha sido erradicada del planeta. El último caso en México se presentó en Tomatlán, Jalisco, en 1990. De acuerdo con los protocolos internacionales de salud, luego del paso de cinco años desde el último caso reportado en un país o región, la enfermedad es declarada erradicada. Por ello, en 1995 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) declaró a México libre de la polio.

 

En el año 2008 sólo se dieron 1651 casos en todo el mundo. Su erradicación absoluta está al alcance de la mano. Pero depende de la continuidad de la vacunación. Porque donde se ha bajado la guardia, como en algunos países africanos subsaharianos, la polio ha rebrotado. Y esto ha ocurrido, porque aprovechándose de la ignorancia de esas sociedades, una poderosa corriente de charlatanismo criminal acusa a la vacunación de ser responsable de nuevos casos de polio.

 

Una cosa semejante ocurrió, en su tiempo, también con la viruela. Pero en el caso de ésta no se suspendió la vacunación, y hoy la viruela no existe más en el planeta.  

 www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 20 de febrero de 2010

Salario social

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Son cinco las necesidades humanas básicas: alimentación, vestido, vivienda, educación y salud. A este grupo de necesidades se les llama también antropológicas. Y la falta de satisfacción de alguna de ellas en una persona o en un grupo social significa que tal persona y tal grupo son pobres absolutos.

 

Este es desgraciadamente el caso de Haití. La inmensa mayoría de su población carece, al menos, de dos de los satisfactores fundamentales: salud y educación. Y esta pobreza se ve agravada por vivienda, alimentación y vestido precarios.

 

El sismo que asoló sobre todo a Puerto Príncipe, la capital haitiana, puso de manifiesto la precariedad de la vivienda. Y uno puede explicarse la presente falta de alimentos por el colapso de la producción luego del fenómeno telúrico. Pero la tragedia se ha vuelto inenarrable por la bárbara precariedad de los servicios de salud haitianos.

 

Heridos y lesionados que no tendrían por qué haber fallecido son ahora cadáveres. El costo del terremoto en vidas humanas se ha multiplicado por falta de atención médica. Y no existe mayor expresión de pobreza que perder la vida cuando es posible conservarla.

 

Frente a este panorama es claro que la primera y más importante forma de combate a la pobreza es dotar a la gente de servicios de salud. Desde los básicos hasta los de alta especialidad. Y es que si la gente tiene salud, indudablemente es menos pobre.

 

La salud pública gratuita es una forma de ingreso de la población. Es una variante del ingreso de las personas. Por eso precisamente se le llama salario social. Y lo mismo puede decirse de la educación pública y gratuita.

 

Una nación es menos pobre en la medida en que es más amplio el salario social. La pobreza de millones de haitianos y de millones de seres humanos en todo el planeta sería menor si contaran con servicios de salud y educativos públicos y gratuitos, expresiones básicas, pero no únicas, del salario social.

 www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 6 de febrero de 2010

Zurdos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Según algunas estimaciones científicas, diez por ciento de la población planetaria es zurda. Pero se piensa que sin las presiones culturales, educativas, sociales y religiosas que inducen u obligan a los zurdos a convertirse en diestros (o en ambidiestros), la población de siniestros podría ser de una cuarta parte del total de los habitantes del orbe.

 

Una cosa semejante pasa con la homosexualidad: se sabe que alrededor del diez por ciento de la población es homosexual, pero se sabe igualmente que sin las presiones culturales, educativas, sociales y religiosas que obligan a los homosexuales a ocultar o a no reconocer públicamente esa cualidad, la proporción podría ser mucho mayor, acaso ese mismo 25 por ciento de la población zurda.

 

Hasta ahora la ciencia no ha podido establecer la causa por la que una persona es zurda. Pero sí ha logrado establecer que la zurdez no es una enfermedad, un defecto, una perversión, un desequilibrio o una anomalía, sino, simplemente, una condición natural. Tan natural como ser alto, moreno, blanco, negro, varón o mujer.

 

Y como en el caso de la zurdera, la ciencia tampoco ha conseguido establecer la causa por la que una persona es homosexual. Pero, como en el caso de los siniestros, sí ha establecido que la homosexualidad no es enfermedad, defecto, perversión, desequilibrio o anomalía, sino, simplemente, una condición tan natural como ser zurdo, diestro o ambidextro.

 

Sin embargo, muchos padres y maestros de infantes zurdos obligan a éstos a convertirse en diestros o ambidiestros. Y lo consiguen con golpes, castigos y otros métodos bárbaros y torturantes, como amarrarle al niño la mano izquierda a la espalda, a fin de forzarlo a emplear (sobre todo al escribir) únicamente la derecha.

 

La conversión de un zurdo en derecho no desaparece la zurdez. Sólo la oculta. Como la práctica heterosexual inducida o forzada no convierte al homosexual en lo que naturalmente no es.

 www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 23 de enero de 2010

Los perros negros

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Winston Churchill era un compendio de malos hábitos. Son clásicas las fotografías que lo muestran con un puro en la boca o entre los dedos o exhalando humo de tabaco. Además comía en exceso. Y es bien sabido que se bebía diariamente una botella de whisky.

 

Citando a Churchill, la hermosa e inteligente Luisa María Leal, fundadora del Consejo Nacional de Población (Conapo) y primera subsecretaria de Estado mexicana, solía decirme: “Si puede usted estar sentado, no esté de pie. Y si puede estar acostado, no esté sentado”.

 

Ignoro si la frase era realmente de Churchill. Pero en cualquier caso el aforismo revela otra faceta de la personalidad del célebre primer ministro británico: era un hombre sedentario, un gozoso practicante del moderno mal llamado sedentarismo.

 

Todos estos rasgos del carácter de Churchill conspiraban contra su salud. Pero el obeso y exitoso político murió a los 91 años (1874-1965). Y es que las enfermedades que mayormente aquejaban a Churchill no eran físicas, sino una patología psíquica: padecía severas crisis depresivas, a las que él mismo denominaba “los perros negros”.

 

En tiempos del Churchill en edad madura, la depresión, también conocida como bilis negra o tiricia, no era curable. No existían entonces los modernos fármacos que hoy la tratan con indudable éxito.

 

Y es que en los últimos sesenta años la bioquímica y la farmacología han logrado avances portentosos. Hoy no sólo la depresión se trata y se cura. Lo mismo pasa con las demás enfermedades mentales, como la esquizofrenia, la manía, el delirio, la paranoia, el alzheimer, patologías que en el habla popular caben en el concepto general de demencia.

 

Todavía hace unas décadas, en tiempos del Churchill maduro, no había cura para los trastornos mentales. Hoy, por fortuna, un diagnóstico médico certero y una simple pastillita en dosis y por tiempo adecuado son capaces de devolverle la salud a un enfermo mental hasta hace poco condenado a la soledad, el manicomio, la prisión o el suicidio.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx          Sábado 12 de Dic. de 2009 

¿A quién pertenece el sol?

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Ambos murieron ancianos. Jonás Salk (1914-1995) a los 81 años; Albert Sabin (1906-1993) a los 87. El primero era estadounidense por nacimiento, pues vio la primera luz en la ciudad de Nueva York. El segundo, nativo de Polonia, estadounidense por naturalización.

 

Jonás Salk fue el creador de la primera vacuna contra la poliomielitis, también llamada parálisis infantil. Lo consiguió en 1955. Se trataba de una vacuna inyectable.

 

Dos años después, en 1957, Albert Sabin creó una segunda vacuna contra el flagelo que, a diferencia de la de Salk, se administra por vía oral. La administración oral supuso una decisiva ventaja sobre la inyectable, pues resulta mucho más fácil su aplicación masiva.

 

La vida de Salk y la de Sabin tienen una gran coincidencia, además de otras como la nacionalidad, la profesión, la contemporaneidad, el fallecimiento en la ancianidad y el mérito de haber creado sendas vacunas antipoliomielíticas.

 

Esa notable coincidencia radica en que ambos sabios se negaron a beneficiarse económicamente por la creación de la vacuna contra la parálisis infantil. Salk se negó a patentar su creación con las siguientes palabras: “¿A quién pertenece la vacuna de la polio? ¡A la gente! ¿O puede patentarse el Sol?”. Sabin, por su parte, también se rehusó a patentar su obra, pues insistía en que la vacuna debía administrarse en forma gratuita.

 

Jonás Salk y Albert Sabin no sólo fueron grandes sabios que salvaron de la muerte y de la incapacidad a millones y millones de niños en todo el planeta; fueron, además, dos practicantes, dos militantes de la ética médica, científica y humana. Trabajaron incansablemente por el bien de la humanidad sin que mediara en su labor el afán de lucro, el propósito de enriquecimiento y acumulación de bienes materiales.

 

Ironías de la vida, ni Salk ni Sabin recibieron el Premio Nobel. A cambio poseen el más honroso título de benefactores de la humanidad.

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 28 de Nov. de 2009

La revolución verde

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En 1950, hace apenas sesenta años, la producción total de alimentos del planeta no alcanzaba para dar de comer a los dos mil millones de habitantes del orbe de ese entonces. Existía, pues, un déficit permanente de alimentos y, consecuentemente, millones de individuos cuyo destino era el hambre y la desnutrición de por vida.

 

Pero por esa época apareció en la escena histórica un extraordinario hombre de ciencia, un estudioso de la agronomía y de la fitopatología llamado Norman E. Borlaug.

 

Borlaug, estadounidense nacido en 1914 y fallecido a los 95 años, el 12 de septiembre pasado, desarrolló nuevas y mejoradas semillas de trigo, maíz y arroz, semillas de un rendimiento por hectárea muy superior a las tradicionales y mucho más resistentes y a veces invulnerables a las plagas y a las variaciones del clima.

 

Borlaug también desarrolló nuevas técnicas agronómicas, las que incluían el uso de herbicidas, pesticidas y fertilizantes. Con la combinación de las nuevas semillas y las novedosas técnicas agronómicas, Borlaug consiguió incrementar enormemente la producción mundial de esos tres cereales.

 

A esta nueva y superior capacidad productiva se le llamó la revolución verde. Y ésta, según muy acreditadas fuentes, evitó la muerte en sus años iniciales de, al menos, un millón de seres humanos.

 

De 1950 a 2009, la población mundial se multiplicó por tres, en tanto que, en el mismo lapso, la revolución verde logró aumentar la producción planetaria de alimentos doce veces, es decir, cuatro veces más que el incremento de la población. Por ello puede decirse que a la obra de Borlaug, distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 1970, se le debe la abundancia de alimentos que caracteriza a nuestra época.

 

Hoy, a diferencia de hace seis décadas, el hambre en el planeta que padecen todavía, al inicio del siglo XXI, mil millones de personas, no puede atribuirse a la insuficiente producción de alimentos, sino a una pésima y muy injusta distribución de ellos.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 17 de octubre de 2009

Para bien y para siempre

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En mi artículo anterior en Orbe, “Tres químicos y una feminista”, me referí al creador de la noretisterona, que es la sustancia que permitió producir, nueve años después, en 1960, la píldora anticonceptiva. El creador de la noretisterona fue el químico mexicano Luis Ernesto Miramontes. Pero por un desafortunado “lapsus calami” (error al escribir) anoté Bracamontes en lugar de Miramontes. Y, además, no consigné el segundo apellido del doctor Miramontes, que es Cárdenas.

 

El notable científico mexicano nació en Tepic, en el estado de Nayarit, el 16 de marzo de 1925, y falleció en la ciudad de México, el 13 de septiembre de 2004. De modo que vivió 79 años, uno menos que Platón.

 

Pero su entrada a la historia de la ciencia, en calidad de gran personaje, ocurrió cuando Miramontes Cárdenas contaba sólo con 26 años de edad y era estudiante en la hoy Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pues fue el 15 de octubre de 1951 cuando Miramontes consiguió sintetizar la noretisterona, invento semejante por su importancia científica, demográfica, económica, social, sanitaria y cultural a la creación por el inglés Edward Jenner de la vacuna contra la viruela.

 

Y también semejante por las mismas razones a la teoría germinal de las enfermedades del francés Luis Pasteur. Y a la creación de la penicilina por el inglés Alexander Fleming. Y, asimismo, a la invención de la anestesia por el estadounidense Horacio Wells.

 

Estos avances cambiaron para siempre y para bien la historia de la humanidad. Y lo mismo hizo la noretisterona, nacida en México hace 59 años.

 

Jenner creó la vacuna antivariolosa en 1798; Wells la anestesia en 1844; Pasteur la teoría germinal en 1871; Fleming la penicilina en 1928; y Miramontes la noretisterona en 1951. Siglo y medio de avances científicos en el campo de la salud, cuyo último gran jalón, hasta ahora, lo constituye la obra del ilustre mexicano Luis Ernesto Miramontes Cárdenas.

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 3 de octubre de 2009

Tres químicos y una feminista

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En el ya inminente 2010 la píldora anticonceptiva cumplirá 50 años. Fue creada por el ingenio humano en 1960. Y constituyó una revolución social semejante a la vacunación, la anestesia, los germicidas y los antibióticos. La píldora, como se le conoció universalmente hace cinco décadas, permitió a la humanidad escapar de modo eficaz del hasta entonces destino ineluctable de la concepción involuntaria.

 

La píldora no es propiamente un invento médico, sino un producto de la química. Al igual que Luis Pasteur, los inventores de la anticoncepción oral no eran médicos, sino químicos. Uno de ellos fue Russel E. Marker, estadounidense que descubrió las propiedades inhibidoras de la ovulación de una planta mexicana llamada barbasco, que es un tubérculo, una especie de camote, llamado ñame.

 

El otro químico fue el mexicano Luis Ernesto Miramontes Cárdenas, quien logró sintetizar, es decir, producir artificialmente, una sustancia llamada noretisterona, que es la base de la píldora anticonceptiva. Y el tercero fue Gregory Pincus, también estadounidense, que consiguió producir el primer anticonceptivo oral. Por ello puede decirse que los padres de la anticoncepción oral son Marker, Miramontes y Pincus.

 

La obra de estos tres notables científicos puede ser considerada como una de las mayores creaciones de la cultura humana a lo largo de la historia. Una obra que liberó a las mujeres de la milenaria esclavitud de la maternidad involuntaria.

 

Pero si la píldora tiene tres padres, tiene también una madre. Esta es la feminista estadounidense Margaret Sanger, precursora de la planificación familiar, quien tuvo el mérito histórico de haber  promovido y conseguido el financiamiento para los trabajos científicos de Gregory Pincus que dieron como resultado la anticoncepción química oral.

 

Margaret Sanger nació en 1879 y falleció en 1966, seis años después de la aparición de la píldora, producto del talento humano que abrió para siempre las puertas de la liberación femenina.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 5 de Sept. de 2009

Órgano de la conciencia

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Quizás una de las patologías más temidas por el hombre moderno sea el llamado accidente cerebrovascular, igualmente denominado ictus, embolia, apoplejía, infarto cerebral y hemorragia cerebral, aunque, ciertamente, cada uno de tales nombres responde a ciertas particularidades de esa enfermedad del órgano de la conciencia.

 

Pero más allá de las denominaciones de esa dolencia tan grave e incapacitante, lo medular para las personas comunes es saber que se conocen muy bien los factores de riesgo y, consecuentemente, las medidas profilácticas o preventivas.

 

Los factores de riesgo son tabaquismo, consumo inmoderado de bebidas alcohólicas, obesidad, hipertensión, sedentarismo y colesterol y azúcar en sangre. Pero hace falta un elevado nivel de conciencia personal y social para evitar y controlar esos factores de riesgo que hoy más que nunca en la historia están presentes en la vida humana.

 

Es por eso que los médicos no piden a sus pacientes o a la población en general que abandonen sus gustos por el cigarrillo, el trago, el sedentarismo o la dieta hipercalórica (rica en grasas y carbohidratos). Se conforman, en actitud sabia, con recomendar una cierta moderación en esos consumos dañinos.

 

La moderación, ciertamente, tampoco es cosa sencilla. Y menos entre la juventud, tan afecta a lo largo de la historia, a los excesos. Es por ello que en la prevención de los accidentes cerebrovasculares juega un papel muy importante la educación. Lo mismo la educación formal, es decir, la escuela, que la educación informal, cuya cara más importante la constituyen los medios de comunicación.

 

El que no sabe, dice la sentencia popular, es como el que no ve. Y, al contrario, el que sabe puede ver. Y más todavía: el que sabe puede prever, es decir, mirar anticipadamente, ver el futuro antes de que acontezca.

 

Esta es, en última instancia, la tarea de la educación: enseñarnos a ver el futuro. Y ya hoy es posible ver un futuro sin tantas víctimas lastimosas de embolias y apoplejías.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 22 de agosto de 2009

Un arma contra el Parkinson y el Alzheimer

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El ozono es un gas de olor agrio. En pequeñas concentraciones es incoloro, pero si éstas aumentan adquiere un color azulino. El ozono es el responsable de la tonalidad azul del cielo. De este gas se conocen desde hace décadas sus propiedades germicidas, es decir, su capacidad para destruir microbios: bacterias, virus, hongos y protozoarios (parásitos como la ameba).

 

Todo esto me lo explicó, con la calma y elocuencia que caracterizan a los verdaderos sabios, el doctor en Ciencias Biomédicas Frank Hernández, director del Centro Nacional de Investigaciones  Científicas de la Habana Cuba.

 

Este sabio cubano, precursor del estudio científico de las cualidades germicidas del ozono, también me explicó que en muchas ciudades, como Nueva York, Moscú y París, se utiliza el ozono para potabilizar el agua. Pero su carácter germicida, me dijo el doctor Frank Hernández, tiene también utilidades terapéuticas. A este uso curativo del ozono se le denomina ozonoterapia.

 

Por ejemplo: cuando el tratamiento con antibióticos se revela incapaz de dar fin a una infección bacteriana en las amígdalas, y no queda más remedio que la  extirpación, muchos hospitales y médicos se valen del alto poder germicida del ozono como una eficaz alternativa a la cirugía. Pero en casos como éste y muchos más, la ozonoterapia empieza a dejar de ser una alternativa para convertirse en el tratamiento inicial.

 

La ozonoterapia, sin embargo, no se limita a la esfera microbicida. Tiene asimismo, me dijo suave pero categóricamente el doctor Hernández,  extraordinarias propiedades para retrasar el envejecimiento y atemperar  los procesos fisiológicos degenerativos asociados a enfermedades de la ancianidad como son el mal de Parkinson o el temido Alzheimer.

 

Este nuevo sistema curativo ha tenido un gran impulso en la medicina cubana. Galenos de todo el mundo acuden a la isla para formarse en esta moderna disciplina científica, precisamente con el doctor Frank Hernández y su equipo. Y se cuentan por miles las personas de distintas nacionalidades que acuden a Cuba para recibir ozonoterapia contra diversas patologías.

 

Hasta hace poco tiempo, recibir ese tratamiento sólo era posible viajando a la isla o a EU y Europa. Pero hoy ya es posible  tener acceso a la ozonoterapia en México. Para el lector interesado, el primer paso sería consultar la página web www.ozonoterapiacubana.com Quizás encuentre ahí lo que anda buscando.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 8 de agosto de 2009

Una quinteta endémica de la vida moderna

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Epidemia es, según cualquier diccionario, una enfermedad que ataca en un mismo lugar a muchos individuos a la vez. Y los ejemplos clásicos de epidemias son el cólera, la fiebre tifoidea, el sarampión y el dengue, entre muchas otras patologías infecciosas.

 

Esta definición de epidemia puede ser calificada como tradicional, porque históricamente sólo las enfermedades contagiosas daban lugar a epidemias. Recuérdense las mortíferas epidemias de peste bubónica en los siglos XII y XII. Y la de viruela que mató a millones de mexicanos durante la guerra de rapiña que fue la Conquista española en el siglo XVI.

 

Hoy en día se siguen presentando ese tipo de epidemias, pero ya no son tan mortíferas como lo fueron en el pasado y hasta principios del siglo XX. Incluso podría decirse que ya no son mortíferas, puesto que su letalidad es muy baja y a veces insignificante. Las muertes por una epidemia infecciosa se cuentan hoy por unidades y no por miles o decenas de miles como antes. O por millones, cual ocurrió durante siglos.

 

Pero si nos atenemos a lo esencial de una epidemia, que es una enfermedad que ataca a muchas personas en un mismo sitio a la vez, podemos ver que hoy existen muchos padecimientos no infecciosos que tienen carácter epidémico. De modo que puede hablarse de epidemias infecciosas y de epidemias no infecciosas. De este último carácter son los casos, por ejemplo de tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, sobrepeso y obesidad.

 

Una epidemia, sin embargo, se caracteriza también por que aparece de pronto, y luego de un cierto tiempo desaparece de repente, hasta que años o decenios más tarde vuelve a aparecer sin que se sepa bien a bien cómo se fue y cómo llegó de nuevo.

 

Por lo contrario, la obesidad, el sobrepeso, el tabaquismo, la drogadicción y el alcoholismo son una constante creciente en la vida moderna en todo el mundo. Hasta podría decirse que más que epidémicas son enfermedades endémicas, es decir, esas que son parte del panorama sanitario habitual de una región o país.

 

Epidémicas o endémicas, esas cinco patologías son hoy significativas causas de muerte. Y, lamentablemente, no hay tratamiento médico eficaz contra ellas.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx         Sábado 25 de julio de 2009 

Un tanto inexplicable

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Universalmente se llama enfermedades de la pobreza a un grupo de padecimientos entre los que están la tuberculosis, el mal de Chagas, la lepra, la fiebre amarilla, la sarna, el dengue, el cólera y algunas otras patologías infectocontagiosas.

 

Pero en México que, según cifras oficiales, existen cuarenta millones de personas que viven en situación de pobreza o de pobreza extrema (eso que podríamos llamar miseria), las tablas de mortalidad de mujeres no  registran ninguna de esas enfermedades en los primeros veinte lugares. Y en el caso de los hombres, sólo la tuberculosis se encuentra registrada y ocupa, curiosamente, el vigésimo lugar.

 

De modo que resulta un tanto inexplicable que en un país con casi la mitad de su población pobre, las causas de mortalidad no sean las llamadas patologías de la pobreza, sino, muy por lo contrario, los padecimientos que podríamos llamar de la riqueza, de la prosperidad, del desarrollo o de la existencia prolongada, como la diabetes mellitus, la hipertensión y los tumores malignos.

 

Las tablas de mortalidad establecen que las principales causas de muerte en México son la diabetes mellitus, las isquemias del corazón, los accidentes cerebrovasculares, los homicidios, los suicidios, los accidentes de tránsito, los tumores malignos (hígado, estómago, pulmón, mama, cuello del útero y próstata), el consumo de alcohol, la hipertensión y la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) altamente asociada al hábito de fumar.

 

Es tan evidente la contradicción que existe entre un país con cuarenta o cincuenta millones de pobres que mueren por padecimientos de la prosperidad, del desarrollo o de la vida prolongada, que se hace necesario redefinir el concepto de “pobreza” o el concepto de “enfermedades de la pobreza”. Eso tendrán que hacerlo los expertos.

 

Por lo pronto, hay que decir que al menos en materia de salud y enfermedad, México no es un país pobre. Porque no puede ser pobre una nación cuyos habitantes padecen enfermedades de países ricos, y en la cual la esperanza de vida es la misma que la de los ingleses, los japoneses, los australianos, los españoles o los argentinos: más de siete décadas y media de existencia.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 11 de julio de 2009 

La diosa del amor

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 
Cuando se habla de enfermedades venéreas, siempre vienen a la mente la sífilis, la blenorragia (o gonorrea), el chancro o los chancros y, desde 1980, el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).

 

Pero ocurre que estas cuatro patologías son sólo una parte del amplio catálogo de las igualmente llamadas enfermedades de transmisión sexual (ETS). De su carácter de dolencias transmitidas o adquiridas por relaciones sexuales se derivó, desde hace milenios, su otra y más común denominación de enfermedades venéreas. Venéreo es un vocablo que proviene de Venus, la diosa del amor entre los antiguos romanos. Se trata, pues, de enfermedades adquiridas o transmitidas por el acto carnal al que pudorosamente llamamos “hacer el amor”.

 

En ese catálogo de padecimientos venéreos se encuentran otros también muy conocidos, como el herpes (oral o genital) y las ladillas o piojos púbicos. Y otros, de los que se habla mucho, pero de los cuales se ignora generalmente su condición de enfermedades de transmisión sexual, como son los casos de las hepatitis B y C, la sarna, una faringitis de origen gonocócica (el germen de la gonorrea) y las micosis (los hongos).

A todos estos padecimientos y a algunos otros se les puede llamar con propiedad enfermedades venéreas, porque se transmiten, aunque no exclusivamente, por relaciones sexuales genitales u orales. Algunos contagios pueden darse por transfusión de sangre contaminada, de la madre al hijo en el momento del nacimiento, por el uso de jeringas infectadas y por el contacto con ropas o utensilios de enfermos.

 

Para todos estos padecimientos existe eficaz medicación. Pero siempre será mejor prevenir que curar. Y de todas estas patologías se conocen formas idóneas de prevención, como son la higiene, las visitas periódicas al médico, la esterilización de material quirúrgico y el uso del condón. Así que, como diría un publicista: “Agua, jabón, cuidado y condón”.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 27 de junio de 2009

Centuria esplendorosa

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Hoy en día, ninguna persona de mediana escolaridad se atrevería a negar que la Tierra, nuestro planeta, gira alrededor del Sol. Pero esto no siempre ocurrió así. Fue el astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1542) quien en el siglo XVI dejó establecida de manera científica y para siempre la teoría heliocéntrica que ya nadie cuestiona.

 

Una cosa semejante pasó con la teoría de la circulación de la sangre. Durante milenios el hombre ignoró que existía el proceso circulatorio. Hasta que apareció en la escena histórica, un siglo después de Copérnico, el médico inglés William Harvey (1578-1657). 

 

Harvey, como muchos otros médicos y biólogos a lo largo de la historia, sospechaba que la sangre circulaba por el cuerpo. Se sabía incluso que sangre limpia sale del corazón, y que sangre sucia llega a éste para salir nuevamente limpia. También se conocía que la sangre limpia corría por las arterias, y que la sangre sucia iba por las venas.

 

Pero lo que no se sabía era dónde se realizaba el trasvase, es decir, dónde es que la sangre arterial pasaba a las venas. Harvey no podía saberlo, aunque lo adivinaba, porque en vida del gran médico todavía no se había inventado el portentoso instrumento llamado microscopio.

 

Cuatro años después de la muerte de Harvey, otro médico, éste, italiano y de nombre Marcello Malpighi (1628-1694), puso bajo el microscopio tejido vivo, y pudo observar que arterias y venas se conectan mediante unos diminutos compartimentos que hoy llamamos vasos capilares.

 

Y otros cuatro años más tarde, en 1665, el célebre inventor del microscopio, el holandés Anton van Leeuwenhoek (1632-1722) puso algunos vasos capilares bajo la lente de uno de sus prodigiosos aparatos, y fue el primer hombre que miró como, efectivamente, la sangre pasaba por ellos.

 

De modo que la hipótesis circulatoria de Harvey no hubiera podido ser confirmada sin el concurso del trabajo científico de Leeuwenhoek, quien vivió 90 años, casi a lo largo de todo el seiscientos. Así que el inglés, el holandés y el italiano son, al mismo tiempo, hijos de esa centuria esplendorosa y padres de uno de los mayores descubrimientos científicos de la historia de la humanidad.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 13 de junio de 2009 

La base de la medicina moderna

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El que tenga salud –dice la copla-, que la cuide, que la cuide. Y para cuidar la salud existen acciones o prácticas que suelen agruparse en el vocablo higiene. Por eso se dice que la higiene es el conjunto de acciones que permiten conservar la salud. O, dicho de otro modo, que permiten evitar las enfermedades.

 

Una de las medidas de higiene más sencillas es el lavado de manos con agua y jabón. Este acto elemental ha salvado millones de vidas en el último siglo. Para ello fue necesario que la ciencia hiciera dos descubrimientos decisivos. Uno, el origen microbiano de muchas enfermedades; y dos, el poder microbicida del agua jabonosa.

 

El primer descubrimiento se debe al químico francés Louis Pasteur, quien en 1871 estableció que las enfermedades infecciosas son producidas por microbios o gérmenes microscópicos: bacterias, virus y hongos. A esta verdad científica formulada por Pasteur se le llama teoría germinal de las enfermedades, que es la base de la medicina moderna.

 

Pero no sólo el agua jabonosa es capaz de matar a los gérmenes  presentes en las manos y otras partes del cuerpo. También los mata el yodo y otras sustancias germicidas. Y al hervir el agua se logra destruir totalmente a los gérmenes presentes en ella. Y lo mismo pasa cuando hervimos la leche, los frijoles y otros alimentos. Por eso se llama pasteurización al proceso de calentar lentamente los líquidos con el propósito de matar a los gérmenes presentes en ellos.

 

A Pasteur se le deben portentosos descubrimientos científicos. El más célebre, después de la pasteurización, es el suero antirrábico: la cura contra la temida hidrofobia, enfermedad causada en el hombre por la mordedura del perro u otros animales.

 

No hay duda, sin embargo, que la teoría germinal de las enfermedades es la obra cumbre del ilustre francés. “Matad a los gérmenes –decía Pasteur– y acabaréis con las enfermedades”. Y así ha ocurrido desde entonces con las patologías infecciosas.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 30 de mayo de 2009 

El placer de comer

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

A lo largo de los últimos sesenta años, la diabetes se fue convirtiendo en México en la primera causa de muerte que es hoy. Suman millones las personas, de todas las edades, que la padecen. Y lo que es mucho peor: cada año crece, incontenible, el número de enfermos.

 

La diabetes, ciertamente, no es un problema exclusivo de los mexicanos. Como aquí, el flagelo se extiende aceleradamente por todo el planeta. Quizá sólo estén a salvo de ella los pueblos famélicos.

 

La ciencia médica, desde luego, ofrece alivio para la grave patología. Hay fármacos y tratamientos eficaces. Pero la prevención y el control de la diabetes requiere, además, la eliminación de un hábito adquirido a lo largo de los últimos sesenta años: la excesiva ingesta de alimentos.

 

Hace sólo seis decenios, a mediados del siglo veinte, no había la innegable abundancia alimentaria que hoy existe. Y tampoco se padecía, con carácter universal y creciente, como ahora, la diabetes.

 

En 1950, la población del orbe era de dos mil millones de seres humanos. Ahora es de 6 mil millones. En esas seis décadas, tal población se multiplicó por tres. Pero en el mismo periodo, la producción de alimentos en todo el orbe se multiplicó por doce. Así que hoy, a comienzos del siglo XXI, hay cuatro veces más alimentos por persona que hace sesenta años.

 

De modo que es perfectamente posible establecer una correlación científica estadística entre la universal abundancia alimentaria que hoy caracteriza al orbe, y el carácter creciente de la diabetes en todo el mundo.

 

Por eso, quizá, sean tan difíciles la prevención y el tratamiento de la diabetes. Cómo pedirle a una humanidad que durante milenios sólo supo de escaseces, penurias y hambrunas, que coma menos ahora que puede comer la cantidad de alimentos que quiera. ¿Por qué sujetarse a una dieta de 2 mil 500 calorías diarias, cuando es posible y placentera una ingesta de 5 mil? ¡Ah, el placer de comer!

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 16 de mayo de 2009

No existían estos portentos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Es cosa bien sabida que aquella epidemia de los años 1918-1919, llamada influenza española, se llevó a la tumba a unos 50 millones de personas. Y se sabe también que se trató de una gripe aviar. Y que fue una pandemia con carácter universal.

 

Pero no es tan conocido el hecho de que a principios del siglo 20 la población total del planeta era de algo así como mil 700 millones de personas. De modo que los 50 millones de víctimas representaron el tres por ciento de la humanidad de entonces: tres fallecimientos por cada cien habitantes del orbe.

 

Aquella mortandad pudo darse porque a comienzos del siglo 20 no existían los portentosos conocimientos científicos que hoy, casi un siglo después, hacen absolutamente imposible la repetición de aquella catástrofe sanitaria y demográfica.

 

En 1918-1919 no existían los antibióticos ni el microscopio electrónico. Ni se poseían los conocimientos relativos al ADN. Ni se tenían los gigantescos conocimientos acerca del origen y la forma de propagación de las enfermedades infecciosas. Ni existían los modernos conocimientos biológicos y farmacéuticos que han dado origen a los medicamentos antivirales, tan eficaces en su campo como los antibióticos en el suyo. Ni la higiene, la asepsia y la antisepsia tenían entonces el lugar privilegiado que hoy ocupan en el comportamiento humano.

 

De modo que sin desconocer las particularidades de la influenza española, se puede afirmar que fue el precario estado de la ciencia al comenzar el siglo veinte el factor decisivo para la propagación de la plaga. Así que ¿cómo comparar la situación médica, sanitaria, biológica y científica en general de hace un siglo con la que prevalece ahora, infinitamente superior?

 

Frente a este panorama, ¿cómo creer que la influenza porcina puede producir en todo el orbe 200 millones de descesos y en México tres millones? De acuerdo con la visión absurda de una reedición de la mortandad de la influenza española, Estados Unidos, que sólo ha producido una muerte, tendría que aportar en los próximos meses nueve millones de fallecimientos.

 

El estado actual de la ciencia y la tecnología médico-biológicas garantiza sin lugar a dudas y contra pánicos irracionales el pronto control de la pandemia. William Jenner, descubridor de la vacuna antivariolosa, Alexander Fleming, creador de la penicilina, y Antonio Van Leeuwenhoek, inventor del microscopio, no vivieron ni trabajaron en vano.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 2 de mayo de 2009                         

 Nunca fue simpático

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El condón o preservativo, como bien se sabe, tiene dos funciones: sirve para evitar el contagio de enfermedades venéreas, también llamadas de transmisión sexual, y es útil igualmente como medio anticonceptivo.

 

Nunca, desde luego, el condón fue simpático. Y creo que en los varios siglos que lleva de vida no ha habido quien diga que le gusta usarlo. Pero si jamás fue simpático, durante muchas centurias tampoco fue eficaz en la realización de sus dos funciones: hecho de tela, ni servía para evitar embarazos ni era útil a la hora de poner a la gente a salvo de una enfermedad venérea.

 

Pero si la ciencia y la tecnología fueron capaces de hacer eficaz al condón para realizar sus dos tareas milenarias, no han podido, en cambio, hacerlo simpático.

 

Hecho de membrana de animales, al condón se le aceptó –cuando así fue– como un mal necesario. Cual una molestia de la que no era posible escapar. Hoy ya no es así. La moderna anticoncepción química (la  píldora y sus derivados), la mecánica (el dispositivo intrauterino) y la quirúrgica (la salpingoclasia femenina y la vasectomía masculina­) han hecho prescindible al condón como método anticonceptivo.

 

Y lo mismo pudo decirse, durante largos años, de la tarea del condón como barrera para impedir el contagio de los males del amor. El invento de la penicilina, en 1943, permitía olvidarse del preservativo: sífilis y gonorrea se habían vuelto curables.

 

Mas la aparición del sida, en 1980, hizo que el antipático condón, modernizado mediante el látex, se tornara de nuevo imprescindible para evitar el contagio de ese y de otros males venéreos. Y aunque no es imprescindible como método anticonceptivo, sigue siendo útil para evitar la preñez.

 

No hay duda, sin embargo, de que muy pronto el preservativo será también prescindible como medio anticontagioso. Llegará ese momento cuando se obtenga la vacuna o la cura contra el sida. La ciencia y la tecnología no tardarán mucho en lograr una u otra.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 18 de abril de 2009 

 

 

 

No hay consenso

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

La circuncisión no es en México una práctica médica de rutina o de carácter general. Las tres grandes instituciones públicas de salud (SSA, IMSS e ISSSTE) sólo la realizan cuando poderosas razones médicas la aconsejan o la consideran imprescindible.

 

En Estados Unidos, un porcentaje muy elevado de la población está circuncidado. Y es que, durante muchos decenios, las asociaciones médicas estadounidenses la recomendaban como una medida de rutina y de carácter general. Actualmente, sin embargo, la Academia de Pediatría de la Unión Americana no recomienda la circuncisión de rutina, y mantiene una posición neutral en la materia.

 

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de la ONU contra el Sida (Onusida) actualmente recomiendan la circuncisión como una vía adicional para luchar contra el VIH en el caso de los hombres heterosexuales. Pero ambos organismos puntualizan que la circuncisión no constituye una garantía contra ese contagio. Y menos contundente es esa recomendación cuando se sabe que se basa en estudios realizados en el África subsahariana, cuyas condiciones de salud y educativas son absolutamente particulares por negativas.

 

Algunos propagandistas de la circuncisión dicen que las parejas femeninas de los circuncidados están menos expuestas a la infección del virus del papiloma humano. Y citan como ejemplo la casi nula prevalencia del cáncer cérvico-uterino en la población judía. Pero como argumento contrario puede afirmarse que la mayor parte de los europeos no están circuncidados, y que en el Viejo Mundo es también muy baja la prevalencia de ese cáncer.

 

Todo lo anterior no es sino una pequeña muestra de la falta de consenso médico sobre la circuncisión como medida generalizada. Y cabe pensar que este virtual empate entre procircuncisionistas y anticircuncisionistas tenderá poco a poco a resolverse con la victoria de quienes piensan que “lo que natura da, bisturí no debe quitar”.

 
www.miguelangelferrer-mentor.com.mx          Sábado 4 de abril de 2009 

 

Lepra

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Durante milenios la lepra fue una enfermedad incurable. Pero en la actualidad, aunque desde hace muy pocos años, el leproso puede ser absolutamente curado. La terapéutica que obra este milagro se llama poliquimioterapia (PQT), y consiste en la administración de un coctel compuesto por tres medicamentos: la rimpaficina, la clofacimina y la sulfona.

 

La lepra es una enfermedad muy poco contagiosa. Para contraerla se requiere de una relación cercana, constante y prolongada (de varios años) con un leproso. Los lepromatólogos han logrado saber que sólo un diez por ciento de cualquier población es susceptible al contagio en las condiciones descritas. O, dicho de otro modo, que el noventa por ciento de la población es naturalmente inmune a la lepra.

 

Según la Secretaría de Salud (SSA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México sólo existen un poco más de 2 mil leprosos. Y puede asegurarse que en breve tiempo la lepra, también llamada enfermedad de Hansen, será completamente erradicada del país.

 

Se llama enfermedad de Hansen en honor del médico y bacteriólogo noruego Gerhard Armader Hansen (1841-1912), descubridor del mycobacterium leprae. El descubrimiento de Hansen tiene enorme relevancia histórica, ya que se trata de la primera identificación en la historia de una bacteria como agente causal de una enfermedad en el hombre. Antes de Hansen no se sabía que muchas patologías son producidas por bacterias u otros microorganismos.

 

Si bien la lepra es hoy absolutamente curable gracias a la poliquimioterapia, la existencia de esos 2 mil y pico leprosos se explica porque, al ignorar que la enfermedad es curable, los enfermos se abstienen de acudir al médico o a un centro de salud para ser diagnosticados y recibir tratamiento.

 

Esa ignorancia de los enfermos, de sus familias, de sus vecinos y de la población en general encuentra su explicación en el hecho de que la cura completa de la enfermedad sólo es posible desde hace 22 años, pues fue a partir de 1987 que la poliquimioterapia demostró su eficacia terapéutica y pudo estar al alcance del universo de enfermos de modo gratuito.

 

Como en muchas otras patologías, la curación plena de la lepra depende en mucho de su detección y tratamiento oportunos, es decir, antes de que la bacteria causante del mal produzca sus efectos deformantes en la cara del paciente e invalidantes en diversas partes del cuerpo. Pero hoy todo esto es muy fácil de lograr.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx      Sábado 21 de marzo de 2009

Películas

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Todo el mundo sabe lo que significa la palabra utopía: un lugar que no existe. Utopía procede de los vocablos griegos ou, que quiere decir no, y topos, lugar. Se trata de un lugar imaginario en el que no hay ricos ni pobres. Una sociedad perfecta en la que reinan la justicia y la fraternidad entre los hombres. Un país ideal donde ya no existen el dolor y la injusticia.

 

“Utopía” se llamó la obra del inglés Tomás Moro. Una novela política y social que, publicada en 1517, pinta un Estado socialista y democrático imaginario. Pero no es la única obra utópica. Otro Tomás, éste de apellido Campanella, publicó un siglo después “La imaginaria ciudad del sol”, otra descripción de una sociedad ideal o perfecta. Y, ya en el siglo XIX, el francés Charles Fourier ideó un sistema de camaradería, libre asociación y trabajo voluntario, llamado falanges o falansterios, capaz de dar plenos bienestar y felicidad a sus integrantes.

 

En la acera de enfrente, novelistas y cineastas han creado obras exactamente contrarias a la utopía. Sociedades del futuro en las que reinará el caos, la destrucción, la enfermedad, las peores calamidades y hasta la casi extinción del género humano. A este tipo de obras literarias o cinematográficas se les llama distopías.

Quién no recuerda la película estadounidense “Cuando el destino nos alcance”, que pintaba un escenario apocalíptico como fruto del entonces imparable crecimiento de la población. Y hoy, cuarenta años después, se sabe que el incremento demográfico ha dejado de ser un problema.

 

Me acordé de todo esto al ver hace poco el filme, también estadounidense, “Soy leyenda”, que trata sobre la mutación del virus del sarampión (o de la viruela) que provoca una epidemia que, en 2009, casi extingue a la humanidad.

 

Y es que así como las utopías buscan despertar los mejores sentimientos y la esperanza en los seres humanos, las distopías procuran aterrorizarnos con visiones apocalípticas que han sido desmentidas una y otra vez por la historia.

 

El ébola, el sars, la gripe aviar, el sida, la polución ambiental, la clonación, la reproducción humana artificial, algunas vacunas o medicamentos y hasta el socialismo y el avance científico han sido y son materia de novelistas y cineastas distópicos. Pero resulta claro que el mismísimo estado actual de esos fenómenos es la prueba más contundente de la imposibilidad absoluta de tales futuros  apocalípticos.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 7 de marzo de 2009 

 

La enfermedad secreta del general Obregón

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El 17 de julio de 1928, durante un banquete en el restaurante La Bombilla, en el barrio de San Ángel en la ciudad de México, fue asesinado el recién reelecto presidente de la república, el navojoense, Álvaro Obregón Salido.

 

El asesino, un fanático católico llamado José de León Toral, fue detenido y torturado, y finalmente fusilado el 9 de febrero de 1929. Cuentan los cronistas de la época que tras el balazo, instantáneamente, la cabeza del general invicto cayó pesadamente sobre un plato de mole.

 

Todo esto es conocido. Pero poco se sabe que el llamado Manco de Celaya padecía desde mucho tiempo antes de su muerte, a los 48 años, una enfermedad hasta entonces incurable y devastadora: la sífilis.

 

Según nos lo ha hecho saber el chihuahuense Jorge Aguilar Mora, en su ensayo Un día en la vida del general Obregón, el victorioso militar se atendía de su dolencia venérea en hospitales de Estados Unidos.

 

Por aquellos tiempos, la incurable sífilis se trataba con mercurio, terapéutica de escasa eficacia que en la mayoría de los casos producía males físicos mayores que los propios de la patología. Éstos son, en la etapa final de la enfermedad, graves daños al sistema nervioso, al corazón, al cerebro y a otros órganos, así como la muerte.

 

Curiosamente, en el mismo año del asesinato de Obregón, 1928, el bacteriólogo inglés Alexander Fleming descubrió las propiedades antibióticas de un hongo llamado penicillium notatum, que dio origen a una droga milagrosa, la penicilina, capaz de curar la sífilis y el resto de las enfermedades de origen bacteriano. Es por ello que la penicilina es considerada la droga fundadora de la quimioterapia antiinfecciosa moderna.

 

Diez años más tarde, en 1938, también en Inglaterra, otros dos eminentes científicos, el bioquímico alemán Ernest Boris Chain y el patólogo australiano Howard Walter Florey, completaron el trabajo de Fleming, y posibilitaron que a partir de 1943 pudiera comenzar la producción comercial de la penicilina. Por esta hazaña científica inconmensurable, los tres sabios recibieron en 1945 el Premio Nobel de Medicina.

 

Quince años después de la muerte del general invicto, la penicilina derrotó para siempre a la milenaria y hasta entonces invicta sífilis.


www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 21 de febrero de 2009  

 

El sida y las etiquetas 


MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Aunque las cifras varían de país a país, se sabe que de cada cien personas infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), ochenta son varones y veinte son mujeres. O, dicho de otro modo, que el 80 por ciento de los infectados con el virus del sida son hombres.

 

Pero también se sabe que de ese universo de hombres infectados con el VIH, el 85 por ciento son hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres.

 

Pongamos un ejemplo numérico absolutamente arbitrario y sólo con fines explicativos. Supongamos que existe un millón de personas infectadas con el virus del sida. Pues bien: de ese millón, 800 mil son hombres y 200 mil son mujeres. Y de esos 800 mil varones, 680 mil (el 85%) son hombres que han tenido o tienen relaciones sexuales con hombres.

 

El lector habrá notado que para hablar de los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se ha empleado ni se emplea la palabra homosexuales.

 

Se trata de un criterio establecido por los científicos que estudian el problema de la propagación del sida. Éstos saben que muchos hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se reconocen a sí mismos como homosexuales, sino como heterosexuales o, bien, bisexuales.

 

De este modo, al varón infectado con el virus de la inmunodeficiencia humana no se le pregunta si es homosexual, pues podría contestar que no, que es heterosexual. Y frente a una respuesta de este tipo, ese varón portador del virus quedaría en la categoría de heterosexual infectado, lo que distorsionaría la correlación entre el sida y las relaciones sexuales entre hombres.

 

No calificar como homosexuales a los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres puede parecer a muchas personas un criterio discutible o equivocado. Pero para detener o atemperar la propagación del sida, los calificativos no tienen importancia. Lo importante es saber cómo se propaga el sida. Porque sabiendo esto se puede combatir la pandemia de manera más eficaz.

 

La palabra homosexual califica a una persona, en tanto que la expresión “hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres” describe un hecho. Y ya se sabe que el avance científico no se basa en etiquetas o calificaciones, sino únicamente en el riguroso conocimiento de los hechos.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 24 de enero de 2009 

Invento maravilloso

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 
Durante milenios, el hombre vivió de la caza, la pesca y la recolección de vegetales y de pequeños animales, como las hormigas. Se trataba de comunidades nómadas, eternamente migrantes. Pero el descubrimiento del poder generatriz de la tierra condujo al ser humano a la práctica de la agricultura. De esto hace, digamos, unos diez mil años.

 

Una vez iniciada la vida sedentaria, propia del cultivo del suelo, sólo fue cosa de tiempo el nacimiento de las ciudades. Este enorme avance civilizatorio tenía, sin embargo, un pequeño inconveniente: el manejo de las excretas.

 

Porque mientras en los pueblos errantes las excretas no constituían un inconveniente, en las comunidades sedentarias se convertían en focos de infección y, de cuando en cuando, en origen de mortíferas epidemias.

 

Las sociedades sedentarias, por supuesto, crearon pronto las técnicas y los instrumentos para el manejo higiénico de las excretas. Entre ellos, un maravilloso avance tecnológico universal bautizado en lengua castellana con el nombre de letrina.

 

Son muchas, desde luego, las bondades de la letrina. ¿Quién no las conoce y quién, consciente o inconscientemente, no las ha disfrutado? Pero no hay duda de que la mayor de ellas fue su contribución al control y erradicación de las catastróficas epidemias que durante milenios asolaron al género humano.

 

Y si bien es verdad que la aparición de las primeras letrinas puede datarse con certeza en épocas tan remotas como la Antigüedad preclásica, es cierto también que su uso generalizado es más bien un fenómeno reciente en la historia.

 

Datos ciertos dan cuenta de que en el imperio romano existían numerosas letrinas en las calles principales. Mas dan cuenta, igualmente, de que sólo las clases sociales privilegiadas podían tener una letrina en casa.

 

Pero en ese privilegio exclusivo de los ricos se incubaba el origen de las letales epidemias que el modesto excusado (con las vacunas, los antibióticos y la higiene en general) ha conseguido convertir en cosas de un irrepetible pasado de amargo recuerdo.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx         Sábado 29 de Nov. de 2008  

 

Los siete magníficos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En 1954, Akira Kurosawa dirigió un filme que hoy es considerado un clásico de la cinematografía mundial. Titulado en castellano Los siete samuráis, cuenta la historia de unos guerreros que ayudan a una pequeña población campesina a defenderse de los atracos de un grupo de bandoleros.

 

Seis años más tarde, en 1960, el estadounidense John Sturges dirige una nueva versión de la obra de Kurosawa, ambientándola en la frontera entre México y Estados Unidos, en un western que en español se llamó Los siete magníficos y que muy pronto también se convirtió en un clásico.

 

Pero no sólo la historia del cine tiene sus siete magníficos. También los tiene la historia de la medicina. Se trata de siete descubrimientos científicos que han proporcionado bendiciones sin medida a una humanidad hasta hace muy poco doliente y sin esperanza.

 

Esos siete avances científicos son muy jóvenes. Casi todos nacidos en el siglo diecinueve. El más viejo, la vacuna, creada por el inglés William Jenner, vio la luz en las postrimerías del siglo dieciocho.

 

Los seis compañeros más jóvenes de la vacuna son la asepsia, la antisepsia, la anestesia, los antibióticos, la cirugía y, el más tierno, que todavía anda en pañales, los antivirales.

 

A la asepsia, sencillo procedimiento que consiste en usar agua y jabón para mantener limpias las manos y otras partes del cuerpo, se le debe la salvación de millones y millones de vidas. Y también a la antisepsia, su prima hermana, cuya tarea es destruir los gérmenes presentes en heridas accidentales o quirúrgicas. Los antisépticos más conocidos y de mayor uso popular son el propio jabón, el alcohol y el yodo y sus derivados.

 

Podría decirse que la asepsia consiste en impedir la invasión de bacterias, en tanto que la antisepsia se propone eliminarlas una vez que se han hecho presentes.

 

La anestesia también nació en el siglo diecinueve. Y a ella le debe la humanidad la hoy casi absoluta ausencia del milenario dolor. Juntas, la asepsia, la antisepsia y la anestesia han posibilitado el desarrollo gigantesco del quinto magnífico: la moderna cirugía.

 

Dos de esos siete magníficos son hijos del siglo veinte: los antibióticos, creados por otro inglés, Alexander Fleming, y los antivirales, que han logrado tratar y curar padecimientos tan graves como el herpes, y que ya se apuntan un triunfo monumental en el tratamiento del sida.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 15 de Nov. de 2008 

 

Gripe aviar: epidemia imposible

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En 1918, una epidemia mundial de origen desconocido que fue bautizada como “influenza española” se llevó a la tumba a 50 millones de personas. Y luego, así como apareció sin saberse de dónde vino, la plaga desapareció. Esta fue la última peste de la historia de la humanidad. Hoy se sabe que se trataba de una gripe aviar, de una influenza de las aves. Pero nada más. Tiempo después hubo otras dos epidemias parecidas. Una en 1957 y otra en 1968. También se sabe que fueron epidemias de gripe aviar, pero hoy sólo los especialistas las recuerdan. 

 

Y es que para la segunda mitad del siglo veinte el conocimiento científico era infinitamente superior al de la segunda década de esa centuria. De modo que sin desconocer las particularidades de la influenza española, se puede afirmar que fue el precario estado de la ciencia al comenzar el siglo veinte el factor decisivo para la propagación de la plaga.

 

Por eso, sin desconocer los peligros que entraña la aparición de algunos brotes de gripe aviar en distintas regiones del orbe, pero sobre todo en Asia, es posible sostener que una gran epidemia de esta patología de origen viral es sencillamente imposible. Debe tomarse en cuenta que este cuarto brote de gripe aviar apareció en 1997, y que desde esa fecha hasta el momento el número de víctimas fatales no ha sobrepasado la centena.

 

En las actuales condiciones de la ciencia médica y de la tecnología sanitaria es absolutamente imposible una epidemia mortífera. Ni de gripe aviar ni de ninguna otra enfermedad infectocontagiosa. Hoy la medicina moderna posee gigantescos conocimientos acerca del origen y la forma de propagación de las enfermedades infecciosas. Y entre estos conocimientos destacan los del cerco sanitario. Este procedimiento eficacísimo ha sido capaz de parar en seco los brotes de patologías como el ébola, el cólera, el dengue y muchos otros. No hace mucho, en el sur de México se vivió un brote de cólera que, a pesar de la alarma generada, fue rápida y eficazmente neutralizado en unos cuantos días.

 

Hay que decir, además, que en el caso de la gripe aviar existe una vacuna de probada eficacia. Y que en caso necesario, cientos o miles de laboratorios alrededor del mundo están en condiciones de producir millones de dosis de vacunas en muy breve tiempo. Y que en los últimos cincuenta años, la ciencia médica ha conseguido producir eficaces fármacos antivirales.

 

Para que en las actuales condiciones de la ciencia médica y de la tecnología sanitaria se repitiera una epidemia como la de la influenza española de 1918, sería necesario que la humanidad no hiciera nada, que se quedara cruzada de brazos, que renunciara a poner en práctica sus inmensos conocimientos sobre el origen, periodo de incubación, forma de propagación, vector y métodos de eliminación de los agentes patógenos. Sería necesario que la humanidad se comportara como si viviera en la Edad Media. Que dejara hacer y dejara pasar. Que se quedara cruzada de brazos a esperar el contagio y la muerte.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx          Sábado 1 de Nov. de 2008 

Ancianidad productiva

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Durante toda la historia de la humanidad, la mortalidad tuvo como causa principal las enfermedades infecciosas, las que adquirían de tiempo en tiempo la forma de terroríficas epidemias. Pero diversos avances en el conocimiento de la higiene, la aparición de la vacuna contra la viruela en el siglo XVIII y el descubrimiento de los antibióticos en la segunda mitad del siglo XX hicieron que, poco a poco pero sin freno, empezaran a cambiar las causas de mortalidad y a producir el hoy evidente envejecimiento de la población. Hoy, en efecto, la mortalidad está caracterizada por las enfermedades crónico degenerativas típicas de la población en edad avanzada.

 

En términos estadísticos, es bien conocido que la esperanza de vida ha llegado ya a los ochenta años. Es el caso de Japón y de España y otros países europeos. Pero son muchas las naciones que se acercan  a esa cifra. En Cuba, por ejemplo, la esperanza de vida es ya de 78 años. En Estados Unidos, de un año menos. Y en México ronda los 75.

 

De modo que cada día habrá más ancianos. En México, según las más recientes estimaciones, no tardará mucho la población anciana en ser una quinta parte de la sociedad. Y si bien se dice que se trata de un segmento poblacional que constituye una carga familiar y social, la verdad que ese lugar común se encuentra muy lejos de la realidad.

 

Para empezar, debe decirse que suman millones los ancianos que realizan labores de inmensa trascendencia social. Es el caso, por ejemplo, del cuidado y la educación inicial de los nietos. Basta acercarse a la puerta de una guardería o de un jardín de niños o escuela primaria para darse cuenta de la enorme cantidad de abuelos y abuelas que llevan a los chiquillos o esperan por ellos.

 

¿No son acaso las abuelas quienes posibilitan por esta vía que millones de mujeres puedan trabajar en fábricas, oficinas, escuelas, hospitales? ¿Y no son las abuelas las encargadas del trabajo doméstico frente a la ausencia de las hijas que trabajan? Y este papel no se circunscribe a los primeros años de vida de los nietos. Suele prolongarse hasta la llegada de éstos a la adolescencia.

 

Estos hechos constatables por cualquier observador atento nos hablan de una ancianidad productiva y útil. Y que se prolonga por varios años después de la llegada oficial del individuo a la senectud.

 

Ésta, como se sabe, comienza convencionalmente a los 65 años. Es la edad internacional de la jubilación. Y entre este momento y el comienzo de la pérdida de autonomía del individuo, que empieza a presentarse hacia los 75 años, media, en consecuencia, una década. Diez años, al menos, de vida útil, productiva y necesaria.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 18 de octubre de 2008 

 

 

Una batalla jurídica y una batalla política

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En el derecho penal estadounidense se encuentra tipificado un delito propio de los regímenes de corte fascista. Este tipo penal es la conspiración. Y consiste en que dos o más personas entren en contacto para planear u organizar algún acto criminal. De modo que ese delito no consiste en la realización de un acto contrario a la ley, sino en la supuesta organización o planeación de una acción ilícita. Se persigue y castiga, en consecuencia, no un acto, sino la supuesta intención de realizarlo.

 

Pero no se crea que sólo en el derecho penal gringo se da esta aberración jurídica. México también tiene su historia. En el derecho mexicano, la conspiración es la “actividad encaminada –previo acuerdo entre dos o más personas– a provocar mediante la acumulación de los elementos materiales y personales necesarios, la realización de los delitos de traición a la patria, espionaje, rebelión, sedición, motín, asonada, terrorismo o sabotaje. De este modo –como dice Rafael de Pina en su monumental Diccionario de Derecho–, “la conspiración más que un verdadero delito, es una actividad preparatoria de determinadas infracciones penales (las contrarias a la seguridad exterior o interior de la nación)”.

 

Queda claro, así, que la conspiración es un tipo penal de carácter político, pensado y destinado para combatir a los adversarios del Estado, a los que, ante la imposibilidad de imputarles un delito que no han cometido, se les imputa tener intenciones de cometerlo.

 

Pongamos un ejemplo: un grupo de personas se pone de acuerdo para organizar un mitin de protesta contra el gobierno por el alza en el precio de la gasolina. Con esto basta para que esas personas puedan ser acusadas de conspiración. Se trata de un recurso político para encarcelar a los adversarios políticos.

 

Pues bien: aunque a los cinco luchadores antiterroristas cubanos prisioneros en EU se les imputan 26 cargos, la severidad de las penas (cadenas perpetuas y largos años de cárcel) son producto de tres acusaciones de conspiración: conspiración contra el gobierno de EU, conspiración para cometer espionaje y (sólo en el caso de Gerardo Hernández) conspiración para cometer asesinato.

 

Queda claro así el carácter político del encarcelamiento de los cinco jóvenes cubanos y, consecuentemente, la bárbara injusticia que contra ellos se comete. Y por eso es necesario luchar en pos de su libertad en dos frentes. En el jurídico, para demostrar su inocencia, pues se les acusa no de cometer un delito, sino de las supuestas intenciones de cometerlo; y en el plano político, porque se trata de una acusación de evidente carácter político.

 

En razón de este innegable carácter político es necesario convocar a las personas de buena fe a demandar por todos los medios posibles la liberación de los cinco prisioneros. Porque tratándose de una acusación política, la movilización política y social en todo el planeta y en EU posee un carácter decisivo. Y ahora, como desde hace diez años, la sociedad mexicana participa en esta cruzada mundial por la justicia.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 4 de octubre de 2008

Contienda inédita

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

A pesar de los esfuerzos del candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, John McCain, por distanciarse del fracasado y genocida régimen de George Bush, lo cierto es que nadie puede negar la continuidad que de la actual administración de la Casa Blanca  representaría el septuagenario candidato.

 

Pero ello no significa automáticamente que el senador por Arizona se encuentre en desventaja frente a su competidor demócrata. Vastos sectores sociales estadounidenses miran en MaCain el modelo de presidente que desearían.

 

Éste representa de modo paradigmático la esencia del modelo social y político estadounidense. Es un clásico WASP: blanco, anglo, sajón y protestante (de la rama episcopalista). McCain es el modelo perfecto de la doctrina del supremacismo blanco tan arraigada en la sociedad estadounidense a lo largo de sus 250 años de existencia.

 

No obstante el inocultable deseo de cambio en la sociedad estadounidense, es claro que en vastos sectores sociales de ese país McCain representa la garantía de plena continuidad de un sistema económico y social ya dos veces centenario.

 

Sobre todo tomando en cuenta que las elecciones del próximo noviembre no serán entre dos oligarcas de cara pálida. Por primera vez en la historia de Estados Unidos un hombre de color es candidato a la Presidencia: el afroestadounidense Barak Obama es ya el abanderado del Partido Demócrata.

 

Ese solo hecho es de la mayor importancia histórica, política, social y cultural. Y es que de manera lenta pero inexorable, en Estados Unidos ha ido  perdiendo fuerza social y política la abominable práctica de la discriminación racial.

 

Reconocido este hecho decisivo, no conviene, sin embargo, albergar esperanzas de un cambio sustancial en el comportamiento imperialista y guerrerista de la élite del poder en Estados Unidos, en el caso de que Barak Obama llegue a la Casa Blanca.

 

Un negro en la Sala Oval representaría, ciertamente, un avance mayúsculo en la vida social, cultural y política de la Unión Americana. Pero en política exterior, el color de la piel del mandatario no es garantía de menor belicosidad y afanes de dominación y explotación del resto del mundo. Y la evidencia empírica, además, revela que tampoco en la política doméstica estadounidense influye decisivamente el personaje que ocupe la Casa Blanca.

 

¿Dónde está pues la trascendencia histórica, política, social y cultural del triunfo o la derrota de Barak Obama? En que nos dirá mucho sobre la profundidad y alcance de los cambios sociales en Estados Unidos en los últimos años. Aquí está, indudablemente, el verdadero (por no decir el único) interés de esa contienda inédita entre un plutócrata blanco y un plutócrata negro.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx       Sábado 20 de Sept. de 2008

Sueño dorado

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

A comienzos de 2008, la agencia británica de noticias Reuters difundió un despacho desde la ciudad de La Habana en el que informaba que en 2007, por segundo año consecutivo, la tasa de mortalidad infantil en Cuba había sido de sólo 5.3 fallecidos por cada mil nacidos vivos.

 

Para personas sin mayores conocimientos sociodemográficos esa cifra puede no decir nada. Por eso es útil conocer cuáles son las tasas de mortalidad infantil en otros países.

 

En Estados Unidos, por ejemplo, esa tasa es de 6 por mil. Esto quiere decir que en tan significativo rubro Cuba adelanta a la primera potencia mundial. Pero la delantera cubana se torna impresionante cuando se conoce que entre la población afroamericana ese indicador es de 13 por cada mil.

 

Canadá, por su parte, tiene una tasa de mortalidad de infantes semejante a la cubana, y muy por debajo de la media latinoamericana que se cifra en 26. Como puede verse, la media de América Latina es del doble de la población estadounidense de color y 21 puntos más alta que la de Cuba.

 

Por lo que toca a Brasil, el gigante latinoamericano registra una tasa de mortalidad infantil de 31 por cada mil nacidos vivos, en tanto que en México ese indicador es de 22. Dicho de otro modo, en Brasil la mortalidad de niños es 6 veces mayor que en Cuba, mientras que la mexicana es cuatro veces más alta que la de la isla.

 

La magnitud de la proeza cubana en favor de sus niños puede apreciarse mejor si se considera que antes de la revolución encabezada por Fidel Castro la tasa de muerte de infantes era de 60 por mil, y que apenas al tercer año del triunfo de los revolucionarios, 1962, la mortalidad infantil había descendido 20 puntos, para colocarse en 40 por mil.

 

Pero si es verdad que en esta materia (como en tantas otras) Cuba marcha adelante de toda América Latina y de EU, también es verdad que la isla todavía no alcanza la tasa de mortalidad infantil de otros países ricos, como son los casos de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Japón, que es de sólo 3 por cada mil.

 

No hay duda, sin embargo, que muy pronto Cuba alcanzará a estos países de ricas economías. Los datos demográficos de la isla, avalados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) así lo indican.

 

Ya son varias las provincias cubanas en las que la mortalidad infantil es menor a la media nacional (que es, como ya se indicó, de 5.3). Son los casos de Las Tunas y Matanzas, con 4.4, Camagüey, con 4.2 y Sancti Spíritus, con 4.1.

 

Pero no sólo eso: veintiún municipios de la isla ya han logrado superar absolutamente el índice de los países ricos más avanzados en la materia: cerraron el año 2007 con una tasa cero de mortalidad infantil. En Cuba asoma ya, como realidad, el sueño dorado de una sociedad sin niños muertos por falta de alimentos o de atención médica.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx         Sábado 6 de Sept. de 2008 

 

Una escala de cero a diez

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha creado un sistema para medir el grado de bienestar de una sociedad cualquiera. Este método, que recibe el nombre de Índice de Desarrollo Humano (IDH) consiste en la combinación de tres factores. Uno, la esperanza de vida; dos, el nivel de alfabetización y escolaridad; y tres, el producto interno (PIB) per cápita.

 

La esperanza de vida es el mejor indicador del estado de salud de una sociedad. Y una vida prolongada por buenas condiciones de salud es la señal más fiable del buen desarrollo humano de una comunidad.

 

Por lo que toca al nivel educativo, parece innecesario decir que a mayor alfabetización y escolaridad, mayor es el grado de desarrollo de una población. Islandia, por ejemplo, que es el país con mayor IDH, tiene una tasa de alfabetización de 100 por ciento y quince grados de educación obligatoria. Y no sale sobrando decir que en Islandia es gratuita toda la educación, desde  la preescolar hasta la universitaria.

 

Y en cuanto al tercer factor, el PNUD establece como índice el producto interno bruto (PIB) per cápita anual en dólares estadounidenses. En el caso de Islandia, el PIB per cápita es de casi 39 mil dólares anuales.

 

El IDH es fruto de las ideas de dos célebres economistas del Tercer Mundo: el paquistaní  Mahbub ul Haq y el indio Amartya Sen, este último Premio Nobel de Economía en 1998. Se trata de dos profesionales de la ciencia económica que pueden ser calificados como bastante alejados de la economía burguesa.

 

Amartya Sen, por ejemplo, es autor de una muy conocida obra: Pobreza y hambruna, en la cual sostiene que “el hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de desigualdades en los mecanismos de distribución de alimentos”, tesis absolutamente científica y antimalthusiana que podría firmar cualquier economista de formación marxista. 

 

Para tener una idea del IDH, piénsese en una escala de cero a diez. Los países de mayor desarrollo están entre 10 y 8; los de desarrollo medio están entre 7.9 y 6.0; y los de menor desarrollo se encuentran por debajo de seis.

 

México, que está entre las naciones de IDH alto, tiene una calificación de 8.29. En el país azteca, la esperanza de vida es de 75 años; el nivel de alfabetización alcanza 91 por ciento; la educación obligatoria es de 9 grados; y el PIB per cápita anual es de 13 mil 200 dólares, lo que sitúa a México por encima del gigante China (7.77), pero debajo de la pequeña Cuba (8.38).

 

Y si bien es innegable que en México son muchas las carencias y las necesidades insatisfechas, el IDH nos muestra que, objetivamente, las cosas no están tan mal como a veces parecen.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 23 de agosto de 2008 

 

Un concepto puramente ideológico

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Cualquier diccionario de la lengua española define a la menopausia como la etapa de la vida de la mujer en que cesa la función menstrual. Y la propia etimología del vocablo expresa ese significado con absoluta claridad: menopausia: del griego méen, mes y pausis, cesación.

 

Se trata, como puede verse desde la etimología de la voz, de un proceso biológico que implica el fin de la etapa reproductiva de la mujer, pues la capacidad reproductiva comienza en la adolescencia con el inicio de la menstruación, fenómeno llamado menarquia, y llega a su fin con la suspensión definitiva del ciclo menstrual, la menopausia.

 

La menopausia, ciertamente, presenta algunas otras características, como determinados malestares físicos y emocionales. Pero se trata de características secundarias, no de un rasgo esencial. Lo esencial de la menopausia es el fin de la etapa reproductiva de la mujer.

 

Como es más que evidente, este rasgo esencial no se encuentra en el varón, aunque haya quienes, sin bases biológicas, pretendan establecer una inexistente menopausia masculina, a la que, incluso contra las más elementales reglas de la etimología, llaman andropausia: de andrós, hombre y pausis, cesación. ¿Hay acaso cesación de la condición de hombre?

 

Parece innecesario recordar que la menopausia no implica que la mujer deja de ser mujer; que el contenido del vocablo sólo se refiere al fin de la etapa reproductiva femenina; y que la mujer continúa teniendo deseo sexual y vida sexual activa, constante y satisfactoria. La menopausia sólo implica que la mujer no podrá ya ser madre o que no podrá volver a serlo.

 

Obviamente, la andropausia es un neologismo ideológico sin bases científicas. Un intento bastante fallido por igualar hasta el absurdo a la mujer con el hombre. Algo así como un resabio feminista extremo y radical, insostenible desde el punto de vista científico.

 

Porque, hasta hoy, las ciencias médico-biológicas no han podido establecer en el varón un momento en el que cese la capacidad reproductiva, rasgo esencial de la menopausia. Y no han podido establecerlo, porque no existe ese momento. ¿Habrá que recordar, como demostración fehaciente, el caso de Charles Chaplin, que fue padre a los 80 años?

 

Y si, en última instancia, pudiera establecerse tal momento, habría que llamarlo esperpausia, vocablo que calificaría el cese de la producción de espermatozoides, es decir, el fin de la capacidad reproductiva del hombre, antónimo de espermarquia, que es el nombre del inicio de la etapa reproductiva en el varón (como la menarquia en la mujer), y no ese engendro anticientífico, puramente ideológico y de etimología perversa, denominado andropausia. Cuestión de lógica médica y de cultura etimológica.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx    Sábado 9 de agosto de 2008 

 

Pensión de vejez

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER


 

Fruto directo del aumento en la esperanza de vida, hoy día uno de cada 12 mexicanos es mayor de 65 años. Pero en tan sólo tres décadas, esa proporción será de uno por cada cinco. Esto significa que dentro de 30 años, el 20 por ciento de la sociedad mexicana será anciana.

 

Este hecho, desde luego, es maravilloso. No hay, quizá, nada más triste que la muerte de una persona en edad temprana. Y máxime si se trata de niños. Y tan acostumbrados estamos ya al fin de la existencia en edades avanzadas, que mucho nos sorprende e impresiona enterarnos del fallecimiento de algún amigo, conocido o figura pública a edades, digamos la cincuentena, que no dudamos en calificar de relativa juventud.

 

Pero la vejez tiene también su lado menos grato. Es la etapa de la vida en que se presenta una serie de limitaciones e insuficiencias físicas y mentales. Es la edad, después de la primera infancia, en que se hacen más necesarios y frecuentes los servicios de salud: médicos, enfermeras, hospitales, medicinas.

 

Y la senectud es, además, la etapa existencial en que escasean, a veces hasta hacerse nulas, las capacidades productivas del ser humano. Este hecho imposibilita que el viejo pueda, como se dice popularmente, ganarse el pan de cada día.

 

Los ahorros, una pensión de retiro o las propiedades adquiridas a lo largo de la vida pueden paliar la incapacidad del anciano para obtener los recursos económicos que le permitan mantener las condiciones de vida a la que estuvo acostumbrado por años y acaso por décadas. La carencia de esos ahorros o propiedades son una condena al deterioro económico. O, por decirlo mejor, a la creciente pobreza del anciano.

 

Frente a esa situación de carencia de recursos, la carga de la manutención del anciano recae en la familia. Pero no siempre existe ésta. Y no siempre, si los hay, los hijos u otros parientes pueden o quieren asumir la pesada tarea. Es por ello que cada día se hace más evidente la necesidad de dotar a la población anciana de una pensión que le permita una vida digna.

 

Con ciertas insuficiencias y en un monto todavía pequeño, la pensión universal para la senectud es ya una realidad en el Distrito Federal. Y si bien al principio de su aplicación generó ciertas censuras en las filas del pensamiento conservador, puede decirse que hoy la pensión para los ancianos cuenta con el más amplio consenso social.

 

Quizá la tarea inmediata sea ahora extender la medida al resto del país. Y, en el DF, hacer compatible la pensión de vejez con la edad en la que oficialmente comienza la senectud. Digamos a los 65 años y no a los 70 como es hasta ahora.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 12 de julio de 2008    

 

Pestes y hambrunas, cosas del pasado

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Según datos oficiales, a comienzos del siglo XXI 50 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza extrema. Pero a pesar de lo tremendo e indiscutible de esta cifra, existen muchos indicadores, altamente confiables, de que esos 50 millones de individuos disfrutan de condiciones de existencia muy superiores a las que prevalecían hace apenas seis décadas.

 

Y con mayor razón podría decirse lo mismo si en vez de seis decenios hablamos de ocho. En 1950, por ejemplo, la esperanza de vida al nacer era en México de menos de 50 años. Hoy, ese mismo indicador sociodemográfico alcanza más de 75 años. Pero si se analiza la esperanza de vida al nacimiento correspondiente al año 1930, puede observarse que ésta era de menos de 37 años. De entonces para acá, un avance de más del ciento por ciento. Un poco más del doble de años de vida.

 

Y si acudimos a otros indicadores sociodemográficos, también llegamos a la conclusión de que el mexicano, no obstante las enormes cifras de pobreza extrema, disfruta de condiciones de existencia básicas semejantes a las que prevalecen en el mundo desarrollado. Es el caso de la morbimortalidad.

 

Hoy en México han desaparecido (o casi desparecido) de las tablas de morbilidad y de mortalidad el total de las terribles enfermedades conocidas como patologías de la pobreza: poliomielitis, difteria, paludismo, sarampión, cólera, tuberculosis, tos ferina, parotiditis (paperas), tifoidea, paratifoidea, viruela y tifo, entre muchas otras. Y puede afirmarse que los lectores más jóvenes de estas páginas no conocieron, ni conocerán ya, estas pavorosas patologías.

 

Pero si además se estudian las causas de morbimortalidad actuales, se puede constatar que hoy en México estas son las llamadas patologías de la riqueza, es decir, aquellas que son características de los países ricos de Europa, Norteamérica y Asia: obesidad, diabetes mellitus, enfermedades del corazón, accidentes cardio y cerebrovasculares, cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado, hipertensión y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica y enfisema).

 

Si históricamente la pobreza se ha manifestado en alta mortalidad general, elevada mortalidad infantil, analfabetismo generalizado, aguda escasez de alimentos, hambrunas, breve esperanza de vida y padecimiento de epidemias y enfermedades invalidantes y mortíferas, puede decirse que en México la pobreza, incluso la pobreza extrema, asume rasgos que obligan a calificarla como una pobreza de nuevo tipo o sui géneris, muy distinta a la pobreza clásica que la humanidad ha conocido a lo largo de la historia.

 

Sin duda, el factor decisivo en este histórico cambio de situación es el avance de la ciencia en los últimos doscientos años, pero sobre todo en la segunda mitad del siglo veinte. Un incontenible avance científico que lo mismo se ha expresado en el campo de la salud que en el ámbito de la producción de alimentos. Un avance que ha permitido que pestes y hambrunas, expresiones típicas  de una pobreza milenaria, sean ahora cosas del pasado.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx        Sábado 28 de junio de 2008 

 

 

A menor mortalidad, menos nacimientos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Hace 40 años, una mujer mexicana en edad fértil tenía en promedio seis hijos; hoy esa media de vástagos por mujer es de algo más de dos. A este fenómeno, los demógrafos lo llaman caída en la tasa de natalidad.

 

Pero no se trata de un hecho exclusivo de la sociedad mexicana. Unos más y otros menos, todos los países están viviendo una etapa de baja continuada y persistente en la tasa de natalidad. Y se trata de una nueva era sin posibilidades de retorno. Nunca más la humanidad volverá a experimentar como fenómeno general las altas tasas de nacimientos que fue un rasgo característico de la sociedad humana durante milenios.

 

La explicación de este fenómeno es muy compleja, pues se trata de un hecho multifactorial. Habrá quien diga que los responsables de este nuevo comportamiento demográfico son la moderna anticoncepción y los modernos métodos abortivos.

 

Y es cierto, pero estas son explicaciones que cargan el acento en los medios instrumentales, es decir, en los modos de hacer, en el cómo, mas no ayudan, sin embargo, a dilucidar el porqué. Y el porqué es la clave.

 

Francia, por ejemplo, fue el país pionero en la caída de la natalidad. Y este descenso se dio desde antes de la Revolución Francesa de 1789, es decir, hace más de 250 años, cuando aún no existían ni el dispositivo intrauterino ni el condón ni las pastillas anticonceptivas ni ningún otro medio eficiente y confiable de control de los nacimientos.

 

¿Cuál fue en la Francia prerrevolucionaria el porqué de la baja pronunciada y persistente, hoy universal, en la natalidad? Pues fue la caída anterior, y también persistente y pronunciada, de la tasa de mortalidad. Dicho de otro modo, en Francia como en todo el planeta, la baja en la natalidad es un resultado directo de la baja en la mortalidad. Y es que, como decía el viejo Marx, a alta mortalidad, alta natalidad y viceversa.

 

Antes, una pareja tenía muchos hijos porque sabía que muy pocos sobrevivirían; hoy, una pareja tiene pocos hijos porque sabe que todos (o casi todos) llegarán a la edad adulta.

 

Por lo que toca a la baja de la mortalidad, ésta empezó a darse gracias a los avances científicos relacionados con la higiene y la medicina. Y como estos avances continúan y cada vez son mayores, la mortalidad sigue cayendo. Primero fue gracias al descubrimiento del principio de la vacunación. Más tarde a la aparición y universalización de los antibióticos. Y ahora se debe a las modernas cirugía, anestesia y radiología.

 

Y por lo que toca al cáncer, la diabetes y otras patologías cronicodegenerativas, ya ahora mismo (y en algunos casos desde hace décadas) hay cura o tratamiento para muchísimas de ellas. Y es indudable que en un futuro muy próximo nuevas terapéuticas y medicinas posibilitarán combatir mejor estos modernos flagelos de la humanidad. De modo que el progreso es enorme e innegable: cada día la tasa de mortalidad es menor. Y, consecuentemente, cada día hay menos nacimientos.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 31 de mayo de 2008 

El falso problema de las pensiones

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

A mediados del siglo veinte habitaban el planeta dos mil millones de seres humanos. Sesenta años después, en 2008, la población mundial ya alcanza la cifra de seis mil millones de personas. De modo que en sólo seis decenios la población del orbe se multiplicó por tres.

 

Pero en ese mismo lapso de sesenta años, la producción material del planeta, y concretamente la producción de alimentos, se multiplicó por 12. Esto significa que la creación de comida, vestido, calzado, habitación, medicamentos, redes de agua potable y de alcantarillado, carreteras y escuelas, entre otros millones de satisfactores, creció 4 veces más que la población humana. Dicho de otro modo, es seis décadas la población mundial se triplicó, en tanto que la producción material de dodecuplicó.

 

Todo esto también quiere decir que al inicio del siglo veintiuno hay cuatro veces más pan por individuo que a mediados del siglo pasado. Y llevadas al ámbito de las pensiones de vejez, enfermedad, viudez, cesantía e invalidez, estas cifras significan que hoy en día es cuatro veces más factible que en 1950 otorgar una pensión a quien lo necesita.  

 

Estos guarismos demuestran fehacientemente que no hay razón cuando se afirma que se carece de los recursos necesarios para financiar las pensiones de  enfermos, discapacitados, viudas, desempleados y ancianos.

 

En el caso de estos últimos, es cierto que ahora en el planeta hay más viejos que nunca. Y también es  verdad que cada año que pase de aquí en adelante habrá más y más ancianos. Pero es evidente que la actual producción material planetaria posibilita plenamente cuidar y proteger a esa población de edad avanzada como nunca antes en la historia de la humanidad había sido posible.  

 

Y dado que cada día es menor la tasa mundial de crecimiento de la población, y que cada día es mayor la producción de satisfactores, lo único esperable es que cada día haya más y más posibilidades de velar por la salud y el bienestar de esos grupos humanos en situación de alta vulnerabilidad social.

 

Pero contra la evidencia de las cifras, gobiernos, ideólogos e instituciones neoliberales dicen que no es posible sostener los actuales sistemas de pensiones. Y sin embargo, no solamente es posible mantener esos programas de elemental justicia, sino que, además, es perfectamente posible ampliarlos tanto en el número de beneficiarios como en el monto de las asignaciones. Y en el caso de los viejos, hacerlo incluso a edades menos avanzadas, es decir, antes de los sesenta y cinco años de edad.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 17 de mayo de 2008 

 

Viendo jugar a nuestros bisnietos

 

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Hace apenas cinco decenios, en México la esperanza de vida al nacer era de menos de 50 años. Ahora ronda los 75. ¿Qué tiene de extraño, en consecuencia, que hoy la gente se preocupe muy poco por adquirir un seguro de vida? Y frente a la documentada caída del mercado de los seguros de vida, tampoco tiene nada de raro que haya crecido de manera exponencial el mercado de los seguros de retiro laboral y de gastos médicos.

 

Y aunque es verdad que, como reza la sentencia clásica, nadie tiene la vida comprada, hoy cualquier persona da por sentado que habrá de llegar a edades avanzadas. Y que no sólo jugará con sus nietos, sino que verá correr los primeros años de vida de sus bisnietos. Hoy la preocupación no es morir joven. La preocupación es llegar a viejo en buenas condiciones de salud, en buen estado físico y mental.

 

A comienzos del nuevo siglo, las patologías no son las mismas que hace media centuria. Han desaparecido de las tablas de principales causas de morbimortalidad enfermedades que antes se llevaban a la tumba a millones de personas en edades tempranas y muy tempranas. Hoy los flagelos son otros. Son enemigos silenciosos, de lento avance, pero que todos conocemos. Suelen ser llamados padecimientos degenerativos. Y constituyen una amenaza de infierno que, como decía el poeta, resulta por todos tan temido.

 

Parkinson, alzhheimer, retinosis pigmentaria, glaucoma, cataratas, accidentes cardiovasculares, diversas parálisis, diabetes y otros flagelos andan por ahí, en el baúl de nuestras preocupaciones, inquietándonos permanentemente. Se trata, sin embargo, de amenazas cuya concreción no es asunto fatal o irremediable. Cada día que pasa la ciencia médica logra nuevos avances, nuevos remedios, nuevas terapéuticas para prolongar la existencia del ser humano. Y para que esa prolongación de la vida se realice en buenas condiciones físicas y mentales.

 

México es parte de esos avances médicos. Pero en el caso de ciertas patologías de este tipo, existen en el extranjero algunas posibilidades alternativas de salud. Alternativas que por el alto grado de especialidad o por su bajo costo resultan especialmente atrayentes para el enfermo y sus familiares. En Cuba, por ejemplo, existen varias de esas posibilidades alternativas de salud en las que se combinan alto grado de especialidad y costo accesible.

 

Es el caso de la retinosis pigmentaria, también llamada ceguera nocturna, para cuyo tratamiento Cuba ofrece una alternativa única en el mundo. Pero la isla también ofrece tratamientos para otras patologías. Es el caso, por ejemplo, del Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren). Aquí se utilizan las más modernas y eficaces terapéuticas para enfermedades como el parkinson, el alzheimer y para las secuelas de éstas y de los temibles accidentes cardiovasculares.

 

Llegar hoy a edades avanzadas es cosa normal. Y cada día que pasa será más normal hacerlo sin el deterioro hasta ahora asociado con algunas de estas enfermedades. Vivimos pues el inicio de una etapa en que la vejez será sólo un dato cronológico y no un catálogo, como todavía a veces ocurre, de limitaciones e insuficiencias.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Sábado 19 de abril de 2008 

 

 

 

 
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