Bienvenidos
El Sol de México
Siminforma
Rumbo de México
The News
Libertas
Orbe
La Crónica Rimada
Voces del Periodista
La Columna
Radio Formula
ABC Radio
Siempre
Excélsior
Gente en Acción
Petróleum
Entrevistas
Plumas invitadas
Contacto
 











Adiós al camarada Óscar González López

 

¡Qué gran corazón ha dejado de latir!

 

Por MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

Por allá del año 1987 conocí en la Redacción de Excélsior a Óscar González López. Siempre sencillo, siempre laborioso, siempre combativo, siempre revolucionario. Un revolucionario auténtico: sabio, modesto, bien orientado, alejado por completo de las mezquinas ambiciones de riqueza material que a tanto izquierdista han convertido exactamente en su contrario.

 

Hombre de trabajo, era, como yo, profesor de primaria. Y más tarde estudió Economía en la Universidad Nacional. Así que a la buena preparación de un estudioso normalista hay que agregar la buena cultura general y económica que dan los estudios profesionales de la ciencia fundada por William Petty, Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx y Federico Engels.

 

Por ello, he aquí lo mejor de Óscar, mi difunto amigo: era un marxista. Un marxista completo. Un teórico del marxismo y un practicante de la teoría revolucionaria científica. Por eso nunca se equivocaba de causa, por eso siempre acertaba cuando daba su apoyo -o combatía- a una corriente o a un movimiento políticos, por eso sus escritos siempre eran orientadores, siempre resultaban clarificadores.

 

Cada 9 de mayo compartíamos la alegría y la celebración por el triunfo del Ejército Rojo sobre las tropas nazis. Ah, qué regusto cuando ambos veíamos aquella foto histórica en la que un soldado soviético coloca la bandera de la hoz y el martillo sobre el Reichstag en el Berlín tomado a sangre y fuego por las tropas al mando de los mariscales Gueorgui Zhúkov y José Stalin. Y lo mismo cuando recordábamos la liberación de Vietnam con la caída de Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh, en poder de los patriotas –del sur y del norte– y la derrota y huida en desbandada de los colaboracionistas con el ejército invasor.

 

Óscar González López fue un defensor consecuente, valeroso, decidido y lúcido de la revolución cubana y de su líder histórico, el comandante Fidel Castro. Y lo fue en los momentos de euforia, en los momentos iniciales de la gesta gloriosa, y también en la hora en que los comunistas de ayer y arrepentidos de hoy, derrotados moralmente por la ideología de la derecha, abandonaron el barco de las convicciones revolucionarias y se deslindaron y se deslindan públicamente del proceso revolucionario cubano en la hora de mayor peligro para la gesta libertaria encarnada en Fidel y el Che, en Nicolás Guillén y en Alejo Carpentier, en Celia Sánchez Manduley y en Manuel Piñeyro, Barbarroja.

 

Combatiente, ideólogo y militante él mismo del movimiento proletario mexicano, Óscar  fue  un  cercano  colaborador  en  muchas  de  las  tareas –sobre todo en las esferas de los trabajos editoriales y de divulgación– del Sindicato Mexicano de Electricistas, el célebre SME. Y antes, desde luego, fue uno más de los militantes, colaboradores y dirigentes de la histórica Tendencia Democrática de Rafael Galván.

 

Esta militancia y cercanía, hasta el último aliento vital, de mi admirado amigo y camarada con el movimiento proletario mexicano, demuestran que Óscar confió siempre en la justeza de la causa a la que sirvió con tanta entrega y entusiasmo como desinterés y generosidad. Y hoy, en la hora de su desaparición física, en la hora del adiós al amigo y camarada, teniendo en mente a su generosa, solidaria, bella y culta esposa, quiero repetir, como el mejor homenaje al revolucionario Óscar González López, las palabras de Federico Engels ante la tumba de Carlos Marx en el cementerio londinense de Highgate: ¡Qué gran cerebro ha dejado de pensar, qué gran corazón ha dejado de latir!

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx          Lunes 24 de enero de 2006


Slovodan Milosevic

El patriota, asesinado en su celda


Por MIGUEL ÁNGEL FERRER 

 

Un poco antes de la muerte de Milosevic, el Premio Nobel de Literatura 2005, Harold Pinter, afirmaba: “El tribunal USotánico (de USA y OTAN) que juzga a Slobodan Milosevic siempre ha sido totalmente ilegítimo. No se puede considerar un tribunal serio. La defensa de Milosevic es sólida, convincente e irrefutable”. Y James Gow, “experto en crímenes de guerra” y partidario del Tribunal de La Haya, no hace mucho había sostenido públicamente: “Lo mejor sería que Milosevic se muriese en su celda, porque si el proceso sigue su curso podrían condenarlo solamente por cargos menores”. Es obvio que ambos personajes tenían razón. Como es igualmente obvio que el patriota serbio fue asesinado en su celda por sus captores y verdugos de la OTAN, el criminal grupo al que debemos la planeación y ejecución de la actual carnicería en Irak.

 

Y hablando de carnicerías, ¿a quién vamos a hacer responsable de los bombardeos masivos e indiscriminados, realizados desde diez mil metros de altura, contra la población civil de Belgrado, pavorosa matanza ordenada por el alto mando conjunto de Estados Unidos y la OTAN con el doble fin de forzar la caída del gobierno de Milosevic y, al mismo tiempo, estacionar indefinidamente en suelo de la ex Yugoslavia a las tropas  de las naciones organizadoras de la masacre de Belgrado.

Pero hay más datos duros que documentan la perversa estrategia de EU y de la OTAN para hacer del defensor de su patria el gran villano de la guerra civil de la antigua Yugoslavia. Sangrienta guerra fratricida auspiciada por EU y Alemania. En su intervención ante el tribunal de La Haya que juzgaba a Milosevic, Eve-Ann Prentice, periodista de The Guardian y del Times, especialista en los Balcanes, sostuvo: “En noviembre de 1994 me encontraba con un colega del Spiegel en la antesala del despacho del presidente de Bosnia, Izetbegovich. Vimos entrar a Osama Bin Laden con escolta en el despacho de Izetbegovich”. Pero el juez Robinson le retiró inmediatamente la palabra, diciendo que el testimonio de la periodista era “irrelevante”.

 

¿No sabía el juez Robinson que Osama Bin Laden es, desde siempre, un célebre agente de la tenebrosa CIA usamericana, dedicado a cometer atentados terroristas con fines de provocación, como lo fue el de las Torres Gemelas, pretexto perfecto y detonador de la guerra colonial emprendida por Occidente contra Irak para arrebatarle a esta nación su inmensa riqueza petrolera? ¿No está clara la mano de la CIA estadunidense en la sucia tarea de atizar la guerra civil en la ex Yugoslavia? Y en el mismo sentido, el de la provocación y avivamiento de la sangrienta confrontación armada, he aquí el testimonio del ex presidente de Francia, Francois Miterrand: “El señor Butros Gali me ha informado hace unos días de que el proyectil que impactó en el mercado de Markale, en Sarajevo, era un acto de provocación de los musulmanes bosnios”.

 

La OTAN y Estados Unidos quieren hacerle creer al mundo de que aquella sangrienta y larga guerra civil el responsable fue Milosevic. Pero a éste no se le apresó y asesinó por esta falsa razón, sino por su rotunda negativa a permitir la entrada de los ejércitos de EU y de la OTAN en suelo yugoslavo. Pero independientemente de los datos duros que documentan la condición de Milosevic de héroe de su patria y de víctima del imperialismo, es claro que a sus acusadores y verdugos, esos sí verdaderos  criminales, es imposible darles el menor crédito.

 

Para saber dónde se encuentra la razón basta con recordar la historia sangrienta –pasada y presente– de las potencias coloniales que tras la invasión militar de la ex Yugoslavia se erigieron en jueces y verdugos del único líder político esteuropeo que se atrevió a desafiarlas y a oponer resistencia a sus designios neocoloniales. ¿Vamos a creerle al archimentiroso nazi que despacha en la Casa Blanca? ¿Vamos a darle más crédito al desalmado agresor y ocupante imperialista que al defensor de su patria? ¿Más crédito a Maximiliano que a Juárez? ¿Más crédito a Nixon que a Ho Chi Mihn? ¡Por favor! Esta película ya la hemos visto muchas veces.

 

ferrermentor@hotmail.com          Viernes 17 de marzo de 2006    


Infancia es destino

 

¿Tú eres amiga de Fidel?

 

Por MIGUEL ÁNGEL FERRER
   

 

El 17 de marzo de 1883, en el cementerio londinense de Highgate, unos minutos antes de bajar para siempre a la tierra a Carlos Marx, su amigo de toda la vida pronunció un discurso celebérrimo de adiós al gran científico fallecido tres días antes. Y al hacer el recuento de la gigantesca obra científica, intelectual y política del gran revolucionario nacido 65 años antes en Tréveris, Federico Engels dijo: “Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, lo expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían en lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, desde las minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal”.

 

Este breve apunte biográfico, hecho con admiración, respeto y amor fraternal, es un buen inicio para conocer la personalidad de Carlos Marx. Ese es el valor del género biográfico. Quién, que tenga intereses políticos o una buena cultura, no ha leído, con delectación, la biografía de José Fouché, salida de la pluma magistral de Stefan Zweig. O la de Freud, también del austriaco. Apenas anteayer, mi hijo mayor, capitán del Ejército Mexicano, devolvió a la biblioteca paterna una biografía de Mao Tse Tung y se llevó la del ministro de Policía de Napoleón.

 

Y también apenas anteayer, tuve la fortuna de conocer personalmente a otra autora magistral de este género literario tan grande (o más, pienso yo) que la mismísima novela. Se trata de una joven señora y madre de tres pequeños hijos que, como diría Cervantes de don Quijote, apenas frisa los cuarenta años. Se trata de Katiuska Blanco, una joven cubana que acaba de dar a la estampa una semblanza biográfica de otro gran revolucionario, igual que Marx, calumniado en santa alianza por todas las fuerzas de la reacción y el imperialismo, pero amado y venerado por miles de millones de seres humanos que en todo el planeta piensan que otro mundo mejor es posible: Fidel Castro.

 

La obra se llama “Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro”, y será presentada el próximo domingo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí, sobre la mesa de trabajo, tengo un ejemplar. La bella edición trae en la portada una fotografía de los padres de Fidel: don Ángel Castro y doña Lina Ruz, a cuya memoria, por cierto, Katiuska dedica la obra.

 

Cuando en la animada charla, mi infaltable compañera de los últimos cuarenta años y yo empezábamos a conocer a Katiuska, interrumpí la valoración que le habíamos pedido de su obra para decirle: “Se nota la simpatía de la autora por su personaje”, a lo que contestó: “No sólo simpatía. Este libro está hecho con el alma. Porque, como decía Martí, son sanos los libros que se escriben con el alma”.

 

Durante la conversación con la autora, una de esas bellas recompensas del oficio periodístico, los presentes, incluidos Katiuska y el autor de estas líneas, no pudimos contener la emoción al hablar de nuestros sentimientos hacia Fidel Castro. Ella, Katiuska, contó que alguna vez un niñito cubano le preguntó: ¿Tú eres amiga de Fidel? Y que ella, conocedora del amante corazón del comandante por los niños, le respondió: ¡Pero si tú también lo eres!

 

A mi turno, conté cómo mi nieto, todavía pequeño, de siete u ocho años, me pidió le regalara una foto en colores de Fidel que cuelga en la pared  de la recámara de mi hija la abogada, diciendo: “Papá, regálame la foto del barbón que se enoja si los niños no van a la escuela”, pues esa expresión le fue repetida por mí cientos de veces cuando todavía más niño, en camino a la guardería del Seguro Social en las calles de Eugenia, me decía que no quería ir a la escuela.

 

Infancia es destino, decía el mexicano Santiago Ramírez. De acuerdo. Y por ello, quien quiera acercarse al conocimiento del alma del revolucionario cubano, lo mismo el erudito que el profano, bien haría en adentrarse en las magistrales páginas escritas por Katiuska Blanco con amor revolucionario por ese gigante de nuestro tiempo que es Fidel Castro.

 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx     Viernes 2 de diciembre de 2004

     

 











 
Top